
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
El Almería ha bajado a Segunda División. Sé que lo normal en estos casos es salir a la calle con la escopeta recortada bien cargadita de elixir de la muerte en busca de responsables. Estamos en España, qué demonios, el país de esperar en el tranco de la puerta a que pase el cadáver de tu enemigo. La envidia, los celos, la venganza. Ya sabéis, ¿no?
Me quiero resistir a participar en esa caza de los responsables de que hoy nuestro equipo, el de todos, el de Almería, el de Alfonso García también, por supuesto, haya dado con sus huesos en la prisión ésa que llaman categoría de plata. Me quiero resistir, pero no es fácil.
Y no es fácil porque el propio presidente ha sido el primero que se ha echado el rifle al hombro, el primero que se ha calzado las botas de vaquero, le ha dado de comer a su caballo y se ha calado el sombrero hasta el límite superior de las orejas.
Como decía ayer, escuchar a Alfonso García hablando de culpables suena, como mínimo, paradójico; oír sus explicaciones acerca de por qué duda de si merece la pena hacer un equipo competitivo para volver a Primera daría risa, de no ser porque no tiene maldita la gracia; ser testigo de toda la retahíla ésa de excusas de medio pelo, de si no hay apoyos, de si se siente sólo, de si la abuela fuma, es normal que irrite al aficionado de a pie, ése al que se le ha pelado el culo este año de estar sentado en el Fondo o en la Preferencia, lejos del glamour, sufriendo por un equipo hecho a golpe de falta de talonario.
Quiero pensar que me hubiera resistido a participar en el tiroteo, de no haber escuchado el sábado, tras el partido, a Alfonso García; de no haber percibido sus quejas sobre lo mal que lo hacen todos los demás; de no haber tenido el dudoso placer de comprobar su absoluta falta de autocrítica, a pesar de ser el cabeza visible del club.
A Alfonso García, si fuese una persona de más escuchar, de más mezclarse con la gente, de más atender a los medios de comunicación y no sólo a uno, de más dialogar y estudiar otros puntos de vista, le llevan diciendo los tertulianos del Minuto 92 durante toda la campaña que se ha equivocado al hacer el equipo, que le faltaban defensas y le sobraban egos en el vestuario, que la culpa no era de los entrenadores y sí del grupo humano que se les habían configurado y que había que reforzar el centro de la zaga en el mercado invernal.
Seguramente él ni siquiera lo habrá escuchado. Y ése es el principal problema del que no escucha: que termina no enterándose de lo que pasa a su alrededor. Lo del Almería tiene remedio y lo de Alfonso García también. Pero ambas soluciones tienen que llegar por el mismo camino: por el de un cambio de actitud radical por parte del máximo dirigente del club rojiblanco. Si continúa encerrado en su torre de marfil, sin escuchar ni dialogar, volverá a sentirse sólo, continuará dejando huérfana de fútbol a la ciudad de Almería.



