
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
Respeto poco, la verdad, a quienes manifiestan lo que tienen en la cabeza, por poco que esto sea, pitando en un estadio de fútbol. En el deporte, en particular en el fútbol, se da cobijo a mucho simplón, a mucho mastuerzo que sólo allí se atreve a rebuznar como nunca lo haría de no estar cobijado por la masa.
Respeto poco, por tanto, a quienes pitan al himno, a quienes pitan a Piqué, pero también a quienes pitan otras muchas cosas, como al rival, al árbitro y a su señora madre o a cualquier cosa que se les ocurre.
Dicho esto, tampoco entiendo mucho los que sostienen todo el día la cantinela de que no ha de mezclarse fútbol y política, sobre todo porque son dos conceptos que están unidos de por sí; en realidad, la política está unido a todo… y el fútbol casi también.
He de confesar que, ahora mismo, no tengo ni idea de qué va a pasar de aquí a 20 años con España, con la selección y con el programa Saber y Ganar de Jordi Hurtado, pero sí puedo asegurar que no será para mí un gran sufrimiento que Cataluña llegue a tener una selección propia, que compita por su cuenta.
Si me preguntan, desde luego no me gustaría, pero respeto e incluso comprendo perfectamente a quienes piensan lo contrario. Para mí es evidente que un independentista no es un criminal, ni tan siquiera un indeseable. Es tan sólo un ciudadano al que le gustaría otra configuración política de su país. Insisto, diferente a la que me gusta a mí, que es ésta que tenemos, con sus problemas y sus bajezas, pero que me sigue satisfaciendo por ahora.
Por eso no puedo entender la tendencia a criminalizar a quienes creen que el mundo sería mejor si Cataluña fuera un país; es más, a veces pienso que el mundo podría ser mejor si mi barrio fuera un país. Es más, en ese caso yo hubiera podido tener alguna posibilidad de vestir la camiseta de mi selección.
En todo caso, ayer escuché atentamente a Gerard Piqué y me encantó su comparecencia. Fue sincero y al mismo tiempo firme en sus convicciones. Yo no tengo ninguna duda de que el hecho de que Cataluña se separe de España es malo para todos, para ambas partes; y que las selecciones vayan cada una por su lado también. Pero estoy aún más convencido de que quienes piensan lo contrario merecen un respeto y yo al menos se lo guardo.
Tampoco tengo demasiado claro el grado de causalidad que tiene, junto a todo esto, el hecho de que Piqué sea del Barcelona y no tenga bien regulado el termostato de sus celebraciones, que tampoco me gustan demasiado. En todo caso, no parece ni comparable la forma que el catalán tiene de celebrar sus títulos con el tratamiento recibido por los amigos del pito en el ámbito futbolístico.
Del caso creo que deberíamos aprender todos, en cuanto a cómo comportarnos en un recinto deportivo, en Madrid, Barcelona y también aquí, en Almería.




