
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
Le suele pasar a las personas que no han pasado dificultades de las de verdad en su vida: viven en su mundo, se ponen muy poco en la piel del otro, creen que siempre llevan la razón y en ocasiones se adivinan con todo el mundo en contra, como en el epicentro de una confabulación judeo-masónica, no busquéis comparaciones preconstitucionales en estas palabras, sin explicación alguna.
Confieso que cada día que paso entiendo menos al presidente del Almería. Y lo peor es que empiezo a sospechar que ni siquiera él mismo se comprende. Los estrepitosos bandazos que ha dado ya en lo poco que se lleva de temporada me hacen temer por todo, incluso por el club en sí.
Recordad que terminó la pasada temporada desilusionado, no sé si dudando sobre si todo esto merece la pena o amenazándonos a todos con que si no se le apoya puede darnos un portazo en las narices. Luego se corrigió, Alfonso, y se puso la careta de hombre bueno, de sociable, de tipo cercano. Le duró durante el verano, en el que lo vimos acercarse a los medios, hacer guiños a la afición e incluso hay quien jura que lo vio sonreir.
Pero fue un espejismo. Fue comenzar lo serio, la Liga, y volvió el Alfonso García más genuino: osco, distante, como despreocupado del Almería, poco visible, altivo incluso y que, por supuesto, no quería saber del común de los aficionados ni de los medios de comunicación.
Para mí es una vergüenza que el presidente de un club de Liga de Fútbol Profesional lleve rechazando la invitación de la Radio del Deporte ya más de un año para venir a un programa. En nuestras ondas, en nuestras sillas, han estado sentados alcaldes, incluido el de Almería, delegados de la Junta, entrenadores de Primera, estrellas más o menos luminosas del fútbol y de otros deporte y, en general, gente que se sabe de este planeta, de este mundo. Pero no Alfonso. Por alguna razón, Alfonso no cree que sea bueno para él, para el club o para el mundo que se ponga unos cascos y mire cara a cara al micro de Radio Marca.
No quiero ser demasiado personalista con esto: no somos, ni mucho menos, el centro del universo. Si Alfonso no quiere hablaros a los oyentes de Radio Marca Almería, con su pan se lo coma. El problema es que se confirma que quien practica ese tipo de actitudes, suele conformar un perfil no demasiado adecuado para dirigir nada en este mundo; gente lejana, con ciertos complejos, temerosa de todo y de todos, inestable, veleta en sus decisiones e imposibles de asesorar.
Desde que echó a Sergi, repito, para mí tarde, ha pensado en un entrenador de la vieja guardia como Vázquez, en otro montón de candidatos, a alguno de los cuales les ha hecho viajar hasta Águilas, en un desconocido como Joan Carrillo y mientras ha sometido a Miguel Rivera, se supone que su hombre de confianza para la cantera, al escarnio de estar ahí dos semanas sabiendo que no se quedará y a la espera de encontrar a alguien que quiera ponerse a las riendas del primer equipo.
Repito, lo de menos es que vuestro presidente, el presidente de vuestro club no considere interesante ni importante daros explicaciones, que no os reciba, que no hable con vosotros, que dé a entender que le sobráis durante todo el año salvo en el pequeño período de la campaña de abonos y que por supuesto no se dirija a vosotros a través de los medios que se lo pedimos. Lo preocupante es que ha llegado un punto en el que Alfonso no parece saber lo que quiere y no parece tampoco importarle demasiado. Yo, sin duda, sería el primer interesado en que el presidente me diera en toda la cara y me demostrara que todo esto no es así. Nunca una bofetada sería más placentera para mí.




