Barra libre de festejos. Algunos celebran permanencias en 2ª como si Mundiales o Champions se ganaran. Ellos sabrán qué ganan. Hablando de ganar, había que hacerlo en Lugo, tras caer y perder el gol average en Córdoba o no pasar del empate ante el Alcorcón. Pero quien ganó fue el Numancia; y gracias. Y perdió, su partido y la categoría, la Cultural. El citado Alcorcón, Córdoba o Nástic sí hicieron lo que debían, en ese último partido y en los anteriores. El Albacete, que llevaba dos meses desastrosos, tampoco falló en la última jornada.
Y así, de rebote y sin mérito ni aprovechamiento sino todo lo contrario, casi volvemos a sacar el bus descapotable. Para celebrar sí están finos y ponen algunos todas las ganas del mundo, descargan toda su rabia contra quienes menos culpa tienen. Los medios, señores, están para informar. Y si lo que hay que decir es que el club vive su peor momento deportivo en 15 años, se dice. Basta ya de palmas y palmaditas inmerecidas. Ya está bien de hacer y deshacer al antojo de uno. Guste o no, la UDA es más que un dueño, que una plantilla. Porque en ambos casos son pasajeros. Incluso habrá medios que por lo que sea se borren. Lo jodido es que los responsables de dar alegrías y motivos de celebración lleven años empeñados en que los que nunca fallan, los aficionados, abandonen el barco.
Fueron 300 pero pudieron ser más. El viaje era una locura y muchos trabajábamos o teníamos compromisos este fin de semana. Como cada sábado o domingo en Almería, donde se ha pasado de los 10.000 y no se ha bajado de los 5.000. Eso es fidelidad. Media o alta, mejor o peor afición, comiendo más o menos pipas. Pero, en conjunto, ahí. En las buenas y en las malas. Alegrándose desde el primero al último, llorando con René y celebrando con Fidel. Esos miles de rojiblancos representados por grandes aficionados que se fundían en un abrazo con Fran. Él y ellos nos representan. Me representan.
Grandes profesionales y personas. Otras lloraban lágrimas de cocodrilo. Otros bajaban a por su dosis de protagonismo. Dudo que volverse una vez más con el rabo entre las piernas sirva de escarmiento. Excesivo afán. Asuntos de familia. Está casi todo dicho.
Con lo que acabé la noche y empecé la mañana del domingo fue con los vídeos de celebración. Que Pervis haga un directo en Instagram y den ganas de todo menos de seguir viendo ante los comportamientos y comentarios de muchos jugadores, pase. Pero que sea luego el propio club quien secunde la moción y muestre esas celebraciones me pareció de peor gusto.
Ya viví lo de Córdoba hace justo dos años. Se sufrió en césped y grada, se celebró, hubo manteos y ya, que yo sepa. Ni en mi viaje de vuelta ni creo que en el regreso en bus o coche de aficionados hubiera, entonces y ahora, la milésima parte de celebración. Porque motivos reales tampoco había. ¿Se ha tocado fondo o aún podemos caer más bajo? Me temo que la respuesta puede ser una pesadilla constante. Ánimo y enhorabuena a todos los que lo necesiten y lo merezcan. Al resto, que sigan a lo suyo pero que midan las consecuencias de sus acciones. Y, si quieren dar alegrías auténticas, que hagan lo que tienen que hacer. Con toda la educación del mundo, ¡hasta nunca!





