
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
Se va a terminar la temporada y verás cómo no da tiempo a enterarnos qué es exactamente lo que hace mal Pozo, para no haber jugado como titular al menos el 90% de los partidos.
Coincidiremos en que el niño del Cola Calo no es un jugador constante, regular ni mucho menos un currante del fútbol. El Boquerón Mecánico es un futbolista aún joven, propenso a las lagunas, a quedarse mirando al techo o a las musarañas, como se nos decía en clase hace unas tres décadas, y a dejar pasar demasiados minutos sin dar señales de vidal.
El problema es que el Almería ha demostrado más que sobradamente que no tiene, en su plantilla, prácticamente ningún integrante capaz de sacar una ocasión de gol de su chistera. Y ello, unido a la racanería ofensiva que el equipo muestra desde hace ya demasiado tiempo, hace que parezca una auténtica osadía prescindir de uno de los pocos que, rascando la punta de su bota, nos enseña algo bastante parecido a la magia.
El Almería lleva ocho puntos de los últimos doce posibles, lo cual equivale a decir que ha sumado dos victorias en los últimos cuatro partidos y que no ha encajado ninguna derrota en ellos.
Casualidad o no, Pozo ha tenido bastante protagonismo en ese mes mágico del Almería, el mejor de la temporada, la mejor franja futbolística que recuerda el aficionado rojiblanco desde hace mucho tiempo.
Con poco, porque tampoco vamos a hablar de exhibiciones ofensivas ni gruesos tomos de poesía futbolística.
Al Almería le ha bastado con un par de destellos del Niño, que además ha tenido la delicadeza y el buen gusto de no haberse preguntado, durante toda la temporada, por qué demonios ha rascado tan poca bola.
A estas alturas, visto lo visto, no habrá muchos que estén en desacuerdo en que la formación del Almería deben ser Pozo y diez más.
Sin embargo, llamadme suspicaz, pero casi pondría en juego algún dedo de la mano porque, llegado el fin de semana, ahora que el Almería vuelve a jugar fuera, Pozo regresará a su hábitat natural esta temporada: allá donde el sol no se deja ver.



