
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
Miro a la clasificación, le sumo al Almería los nueve puntos que, según nos contó ayer César Vargas en la Tertulia del Minuto 92, ha perdido entre los minutos 85 y el final de cada partido del actual campeonato; y lo veo en la zona tranquila, prácticamente con la permanencia asegurada e incluso con opciones de mirar al play off de ascenso, que le quedaría a seis.
Sí, amigos, ésa es la cruda, la cruel realidad de los finales de partido del Almería. Por aquello de no hacernos trampa en el solitario, habrá que decir que también el Almería ha sumado en ese tramo final de los encuentros, sobre todo gracias a los dos ‘Pozazos’ que le han dado cuatro puntos. Pero eso no quita que podría haber evitado restar esos nueve puntos si hubiera sabido matar los partidos en su momento.
Ya sabéis a lo que me refiero: a eso que hacen los equipos que tienen eso que se llama oficio, que saben montar un lío a tiempo, que se obligan a los colegiados a mostrarles tarjetas cuando hace falta que el reloj se quede helado, que evitan como sea que sus oponentes lleguen al área y que hacen que, cuando el balón está parado, sea casi misión imposible volverlo a poner en juego.
Es todo lo que no supo hacer el Almería el domingo; todo lo que no ha sabido hacer en esos partidos en los que ha perdido hasta nueve puntos entre el minuto 85 y el final del tiempo de descuento.
Y llegado a este punto, uno se pregunta: ¿y por qué no sabe hacer esto el Almería? ¿Es porque se da la casualidad de que a ninguno de sus jugadores se lo han enseñado? ¿Es porque su técnico no sabe implantarlo? ¿Es porque no se elige a los jugadores adecuados? ¿O es simplemente una casualidad?
Opinará cada uno lo que quiera, pero por mucho que Gorosito dijera el otro día que el golpe no ha sido tan duro, yo sería capaz de jugarme el dedo de hurgarse la nariz porque el técnico no sólo está cabreado, sino que ya tiene preparada una buena chapa que darle a los suyos sobre cómo destrozar un partido cuando queda poco y se va ganando.
Gorosito es argentino. Si un entrenador se carcome por dentro de la rabia cuando le pasan estas cosas, si encima en su pasaporte figura la enseña celeste y blanca, el cabreo tiene ya que ser de los que hacen época.
Casi apostaría porque al Almería no le va a volver a pasar esto. O si le vuelve a ocurrir, porque puede quedar algún cadáver en el vestuario.



