
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
Tanto hemos pasado esta temporada, tanto ha pasado el Almería y su afición, que ya no nos acordábamos que jornadas como la de ayer son posibles. Ayer gano el Almería fuera de casa, por vez primera en año y medio; perdió el Huesca, que es el equipo que nos precedía en la tabla y al que ahora hemos metido en la zona de descenso; perdió el Albacete, que era el que nos precedía; y cayó igualmente el Mallorca, que ahora, como la Ponferradina, está tan sólo a dos puntos.
Bueno, por resumir, ayer pasó todo lo que una afición del Almería hubiera deseado, porque hasta el triunfo de los rojiblancos fue en un partido para la esperanza, con buen juego durante la mayoría del choque, con jugadores dando imagen de estar en su mejor momento, como los goleadores Juan Ramírez y Quique y como la brújula Pozo, que hoy por hoy es, junto a Saveljic, el futbolista más decisivo del equipo.
Hemos sufrido tanto, hemos penado tantísimo, que ayer, con 0-3 en el minuto 35 de la segunda parte, todavía nos resistíamos a dar el encuentro por zanjado. Es más, un minuto después venía el tanto de la Ponferradina y estaría en disposición de asegurar que a todos se nos vino a la cabeza Valladolid y otro montón de pifias en los tramos finales de los partidos, en esta misma campaña.
Pero la realidad es que ayer vimos al mejor Almería de la temporada, ése que ha aparecido en destellos en varios encuentros, pocos, pero que no ha redondeado uno completo. Ni siquiera ayer podemos hablar de partido redondo, aunque habiendo vivido lo que hemos vivido, es un partido para estar muy satisfechos, por lo visto y por lo visto después en la tabla.
El Almería afronta la recta final de la temporada desde fuera de los puestos de descenso. Ha tardado meses en salir, después de que entrara en ellos en el primer mes de competición. La temporada no ha terminado y el objetivo de la salvación, ése que se le sobrevino a la UDA una vez que quedó claro que el del ascenso no era real este año, no está conseguido aún.
Ayer se dio un paso de gigante, no sólo en lo numérico sino también en lo moral, pero esto no acaba sino de empezar. Eso sí, a Gorosito hay que reconocerle que ha llegado adonde se le pedía que llegara cuando se le mandaron los billetes a su hogar Argentino para que se viniera para España.
Ahora, Pipo, ahora no nos puedes fallar. Ya estamos fuera del hoyo y, la verdad, se vive bastante mejor aquí.



