
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
Como sabrás, si eres oyente más o menos asiduo de Radio Marca, el pasado domingo, el grupo de animación Grada Joven, del que ahora nos hemos enterado de que ha sido pasado a ser considerado grupo ultra, aparecía en la grada ataviado con petos amarillos.
Llamó la atención a buena parte del estadio el hecho de que la policía obligara a los integrantes del grupo a quitarse el peto. Indagando, el mismo domingo, antes de irnos del Estadio, los de Radio Marca pudimos averiguar que la Policía había propuesto una multa contra el club por haber permitido que los chavales en cuestión se fueran a la grada disfrazados de auxiliares de transporte escolar.
Ayer, la propia Policía confirmaba todo el tema a César y además nos enterábamos que se ha abierto investigación contra uno de los miembros de la Grada Joven, por pedir a gritos, en la grada, que no haya represión en la animación.
No sé a vosotros, a mí, cada vez que lo repito me cuesta más trabajo creer todo esto. La llamada de César ayer a la Policía tenía como objetivo que alguien nos lo pudiera contar en directo, pero claro, eso no fue posible. No creo que haya nadie capaz de ponerse delante un micro a reconocer esta película.
Ignoro si vivimos en un país en el que ir al fútbol con un peto amarillo está contemplado como una acción delictiva, si hay algún código penal, civil o lo que sea que considere que vestir un peto amarillo sea punible.
Si no es así, si nada impide legalmente vestir tan poco elegante prenda, es evidente que a alguien se le fue la mano el domingo; pero si es cierto que hay algo que prohíbe ir al fútbol así vestido, entonces la cosa es mucho peor, porque es evidente que vivimos en un estado de represión que poco o nada tien que ver con la democracia.
Digo todo esto teniendo claro que no, que la ley nos autoriza a ponernos un peto amarillo donde nos dé la gana: que podemos ir con el peto de los accidentes de tráfico a montar en bici y en moto, que podemos lucirlo para ir a pescar y para invitar a nuestra novia al cine, para tomar unas cervezas y para ir a un entierro, para hacer el amor y para hacer la guerra, para ir al fútbol e incluso a los toros, aunque allí es posible que nos corrieran a gorrazos.
Creo que es bastante urgente que el responsable de esta decisión no sólo venga a la radio a explicar qué es lo que está pasando, sino que incluso dé explicaciones públicas de por qué este exceso de celo hacia la llamada Grada Joven. Si estos chicos han hecho algo mal, que seguramente será así, júzguese el hecho en cuestión. Y si hay que vigilarlos de cerca, tampoco me parce mal, porque quien no tiene intención de hacer algo malo nada tiene que temer.
Pero la ley con la que de juzgárseles, la medida que se les ha de aplicar ha de ser la misma que la reservada para el resto de los mortales. No quiero ni pensar que a alguien se le haya olvidado aquello del principio de igualdad ante la ley.
No vaya a ser que un día nos encontremos un detenido por urgarse en la nariz o en sus partes nobles, por mal gusto en el vestir o por no saludar al policía a la entrada del estadio. Y lo que es más lamentable aún: que a los del peto amarillo se les obligara a quitárselo y Eduardo Ronda pudiera, hace unas semanas, ver enterito un partido ataviado con su disfraz rosa.




