
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
Pero los tres puntos de ayer son, seguramente, los más importante que ha sumado el Almería esta temporada. Tres puntos frente a un rival directo que se queda a uno en la tabla, al que superamos en el golaverage, al que le endosamos el miedo y la desconfianza en el cuerpo y que nos sirve para asomar la cabeza por el balcón de la permanencia.
El Almería de Ramis no fue brillante, no fue contundente, no despejó dudas sobre sus formas defensivas, pero ganó; y además ganó dejando detalles muy positivos, como un atisbo de recuperación de la forma de Pozo, un gol de Puertas que le hacía falta como el comer para recuperar confianza, con un Borja que aunque no fue titular es evidentemente el equilibrio en la medular, con Joaquín que no deja de crecer, con un Marco Mota que jugó su mejor partido y, sobre todo, con un Quique González estelar, marcando dos goles y regalando otro a Puertas.
Tres puntos de oro, de confianza, de alegría, de esperanza, de solidez, de optimismo, de cimientos y construcción, de futuro y vida, tres puntos que pueden, esperemos que sean decisivos para la permanencia.
Y luego está lo de Julio Velázquez, un entrenador ya conocido por su comportamiento poco presentable en el banquillo y absolutamente intolerable en la sala de prensa. Lo peor de Velázquez el sábado aquí en Almería no fue que su equipo propuso e hizo poco, que perdió y sigue en barrena o que ofrecio una imagen bastante pobre.
Lo peor de Julio Velázquez es que, tras el esperpéntico espectáculo que ofreció en la banda, ganándose a pulso y algo tarde su expulsión inapelable, fue la milonga, la obra de teatrillo barato, el engañabobos de la sala de prensa, donde, a pesar de que el colegiado había perjudicado claramente al Almería comiéndose con papas dos penaltis claros como el agua, resaltó el fuera de juego del tercer tanto del Almería y se negó a en juiciar esas dos clarísimas penas máximas.
Afortunadamente, a estas alturas de la película, estas cosillas de Julio Velázquez no sirven para engañar ni a un gatillo. Querido Julio, estamos ya muy hartos de entrenadores que vienen a contarnos cuentos chinos, entrenen en el Almería, en el Alcorcón o en el Socuéllamos.
A contar cuentos, al metro. Aquí, a proponer fútbol. Y de eso, querido, menos que elegancia en el banquillo.



