
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
El Almería, sea por mucho o por poco, ganó ayer. Ganó y vuelve a asomar la patita por debajo de la puerta de la permanencia, con la esperanza de que algún corderito se lo crea y le abra, para asestarle la dentellada definitiva. No se ha hecho nada, queda un mundo… pero ahí están los tres puntos.
Y los ganó haciendo lo que reclamábamos, hasta ser pesados como una morterada de ajo, durante toda la semana: colocando a cada uno en su sitio.
Lo he repetido ya más que una cancion de George Dann en el mes de agosto, pero me da lo mismo: el Almería tiene equipo, tiene plantilla para estar muchísimo más arriba de lo que está. Tan sólo hace falta un entrenador que les haga trabajar, que los mentalice y, sobre todo, que los ponga donde cada uno es mejor, donde se les puede exprimir el máximo de jugo.
Ayer, los cuatro de atrás fueron los que han demostrado estar en mejor forma; la ausencia de Puerta se suplió con un pedazo de extremo como Quique González ,el puesto de matador fue para el más matador de la plantilla, en el doble pivote jugaron Borja y el indiscutible Joaquín; y luego Pozo. Pozo por siempre; por siempre pozo.
Me faltón Ramón Azeez, para mí titularísimo, pero sólo pueden jugar once y, hasta en eso, acertó el técnico, puesto que le dio 28 minutos que son muchos más de los que habitualmente le han venido dando este año Soriano y Ramis a los suplentes. Hasta en eso acertó Ramis: los cambios, cuando todavía hay margen de mejora, no cuando el partido agoniza sin solución.
Lo ha comprobado Ramis en primera persona: con cada uno en su sitio, el Almería puede ganar a cualquiera, incluso a un rival que viene de hacerle seis al Valladolid, a un oponente muchos de cuyos componentes estarán, en dos años a más tardar, en la Liga de las Estrellas.
Querido Ramis, lo pasado, pasado está; agua pasada no mueve molino. Pero no lo olvides: cada cosa, en su sitio. Y los regalos, en Navidad. Que ya está a la vuelta de la esquina.



