Alejandro Asensio

El fútbol era un deporte inventado por los ingleses

Y no me he confundido al conjugar el verbo. Era, en pasado. Y es que el fútbol está cada vez más alejado de esa esencia que levantó pasiones y provocó que la masa se adhiriese a él. Este deporte, completo en todos los aspectos que necesita un practicante y un espectador para disfrutar -precisa táctica y técnica a raudales, además de generar una incógnita impredecible en la mayoría de los casos-, huye de lo que lo convirtió en el deporte rey.

Salta la noticia de las nueve cesiones de jugadores sauditas a equipos españoles. Obviamente, el dinero anda detrás de ellas. No hay ni un solo criterio deportivo que haya motivado las mismas. Los equipos receptores han tragado, imagino que a cambio de algo. Esta es la triste realidad de este deporte, que se muda velozmente hacia el lado más parcial posible; el del poder. Aquí ya nada mueve la pasión o la cercanía a unos colores. Solo entre la afición, cada vez más manipulada y condicionada, existe todavía cierta fidelidad.

Y el dinero no solo está presente en acciones tan evidentes como la colocación con calzador de nueve jugadores, no creo que me equivoque mucho, sin nivel para nuestro fútbol. El dinero se manifiesta en situaciones tan banales como un saque de esquina, una lesión, un tiro a puerta o un penalti. Todo ya está condicionado. Las casas de apuestas, esa influencia tan nefasta para nuestros jóvenes -donde antes había juegos de chapas y cambios de cromos, ahora hay conversaciones sobre qué partidos o qué victorias se pagan mejor-, hacen de lo deportivo, de la competición pura, un pozo de dinero para muchos. A mí me aterra.

Hoy día se apuesta incluso por el número de saques de esquina que un equipo hará antes del descanso, si alguien marcará en propia puerta o incluso si habrá o no una lesión. ¿Soy yo el único que piensa en lo manipulable que es todo esto? Hay apuestas incluso para competiciones menores como la División de Honor Andaluza; ¡una categoría no profesional!

Y es que el dinero ha desvirtuado lo que antes era pura competición. El deporte debe transmitir unos valores de sacrificio, de juego en equipo, de superación y sobre todo de respeto. Hoy día, con la dictadura del dinero tejiendo sus redes sobre cada uno de sus estamentos, algo huele a podrido. Me preocupa como aficionado pero, sobre todo, como profesional de la docencia y, en especial, de la Educación Física. Las montañas siguen alejadas del mundanal ruído y los caminos están criando hierba; puede que allí esté la solución.

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