
Estáis locos. Perdonadme, pero es que tengo que decirlo. Me encantaría saber qué se os pasa por la cabeza para no dormir un domingo porque vuestro equipo ha entrado en descenso. Desearía viajar a vuestras conexiones cerebrales para intentar entender cuál es el motivo que os lleva a, cariacontecidos, hablar de viajar a Lugo. ¿Qué? Porque no logro entenderlo? Estáis locos.
¿Hay motivo alguno para dar tiempo, dinero y emociones a un proyecto vacío? ¿Hay motivo para recorrer España con el objetivo de animar a una plantilla que ha demostrado ser incapaz? No, no y no. Y, si no lo hay, ¿por qué lo hacéis? Que alguien me explique. Ante el Alcorcón sufrimos la enésima tortura visual y anímica. 13.000 almas -¡13.000!- nos dimos cita en el Juegos Mediterráneos llenos de ilusión y esperanzas rojas y blancas. ¿Esperábais algo diferente? Sé la respuesta; yo también lo esperaba, pero esta es la historia de nunca acabar.
Es habitual que alguien nos diga eso de “Solo es fútbol”, y lleva razón. Solo es fútbol y, por esa regla de tres, el trabajo solo es trabajo, la vida solo es vida, la comida solo es comida o la amistad solo es amistad. Todo es importante y, al mismo tiempo, banal. Nada debe ser tomado lo excesivamente en serio ni, al mismo tiempo, con excesiva indiferencia. Solo es fútbol, pero en la vida hay que buscar motivos para romper la monotonía. Algunos encontramos la lectura, escritura, la naturaleza, la amistad, el viajar y, por qué no, este deporte que da y quita tanto.
Estáis locos. Y lo peor es que esa locura, la vuestra, la de tanta gente, mantiene este negocio. Sostiene algo, el fútbol, que dejó de ser aquel deporte de hace tiempo. ¿El problema? Que sus protagonistas tienden a olvidarlo. Y yo los comprendo; es su trabajo. Por ello el fanatismo y los insultos están, siempre, de más. Es aquí, en esta situación, donde confluyen dos realidades radicalmente opuestas que, paradójicamente, se dan la mano en en un estadio y bajo los mismos colores. Trabajadores y apasionados, ambos con un fin común pero con percepciones diversas.
Estáis locos y, ¿sabéis por qué lo sé?, porque a mí también me costó dormir el domingo. Porque, aun creyendo que ya había superado aquella pasión adolescente que te lleva a tomarlo todo a pecho, he comprobado que hay algo ahí que me importa. Quizá sea aquel chaval de 16 años que compró su abono en 2001 y que ha visto como el club de su ciudad, sobre aquel que respondía ante la manida pregunta acerca de preferencias futbolísticas, creció junto a él, quien aparezca en momentos como este. Estáis locos, y os admiro. Y es que en la vida, todo carece de importancia al mismo tiempo que puede ser capital.





