
Noticias descatadas del Deporte Almeriense
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
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RADIOBLOG, por Víctor J. Hernández Bru.
Es el argumento tan socorrido de descalificar al rival o mermar su imagen para poder discutirle lo que no eres capaz de rebatirle con ideas y palabras.
Aquello de lo que tanto nos hemos quejado de las redes sociales, el sábado lo vivimos en la sala de prensa del Estadio de los Juegos Mediterráneos. El técnico de Las Palmas, Manolo Jiménez, llegó al habitáculo de prensa con el cabreo de una docena de torturados y de siete que han sido salpicados al paso de un autobús en un día de lluvia.
Como era de esperar, el primero con el que la pagó fue con el colegiado. A pesar de que podía tener algún motivo para ello, como la jugada del primer gol, la realidad es que ese mismo trencilla también se tragó una tarjeta a Araújo por el desmesurado codazo que le costó una visita al dentista a Eteki, que el propio Jiménez despachó con un “cosas del fútbol” y un aún más descarado “no se puede jugar con las manos en los bolsillos”.
Estaba, el sevillano, entre resistirse a culpar de todo al colegiado y cargar contra él como si no hubiera un mañana. Y claro, se quedó a medias y la cosa fue peor.
Un compañero de la prensa le preguntó si acaso era Iglesias Villanueva el único culpable del “baño” que la UDA le acababa de propinar a su equipo de Primera División circunstancialmente embutido en la clasificación de Segunda.
Y ahí fue cuando estalló el peor forofo, el Manolo Jiménez que, por su condición de técnico, desprecia la opinión de los demás con frases que son ya más viejas que un bancal y que están más inventadas que el hilo negro.
“Eso sólo lo has visto tú”, respondió.
Pues no, amigo Jiménez. Yo también veo muertos en ocasiones; y otras veo baños, repasos como el que la humilde UDA le pegó, por delante y por detrás, a un equipo sin alma como ese Las Palmas que vimos perseguir a los jugadores rojiblancos sin ton ni son por el césped del Mediterráneo.
Lleva poco tiempo aquí, en el primer equipo, Fran Fernández; pero ya nos hemos acostumbrado a su sinceridad, a su afán autocrítico y a su mesura en los análisis. Antes que él, por el banquillo de la UDA han otros vendedores de alfombras persas, fabricantes de milongas varias y maestros del cuento chino.
Entrenadores que se empeñan en contar a quienes hemos visto lo mismo que ellos, que el césped era rojo, el balón cuadrado y las porterías estaban en el mediocampo. Individuos autodefinidos como el más listo de la clase, regodeándose en la cualidad de gilipichis de todos los demás del aula. Con lo bonito que es aportar puntos de vista, rebatir, discutir y argumentar; eso, claro, si es que se tiene la capacidad.
La verdad, ya no estábamos acostumbrados a que viniera un entrenador a la sala de prensa a ponernos el pan barato. Fue divertido, la verdad; pero me sigo quedando con Fran.




