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BLOG ‘JUGADA DE PIZARRA’, por Alejandro Asensio: «¿Y nosotros no tenemos derecho?»

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BLOG ‘JUGADA DE PIZARRA’, por Alejandro Asensio. 

Un domingo cualquiera en la ciudad de Almería. Mi bufanda al cuello. Juega la UDA y yo me dirijo a verlo en directo, como desde hace dos décadas. Este paseo despreocupado ha deparado multitud de anécdotas. Tardes de frío, mañanas de calor. Viento, lluvia, risas e incluso llantos. Ilusión y preocupación. Ganas de ver fútbol y, a veces, menos. Esta vez me provocó un pellizco emocional. Y frustración conmigo mismo.

Trabajo con niños, soy maestro. Conozco sus ilusiones, que son muy simples y sus disconformidades. Sus preguntas constantes hacia la vida y su especial radar para con las injusticias. La simpleza con la que solucionan los problemas y la rapidez con la que olvidan una traición. Son simples, pero simples en la más bonita de las versiones de esa palabra.

Una mujer debatía con cuatro niños de unos 12 o 13 años en una parada de autobús cercana al Juegos del Mediterráneo. La conversación estaba ligeramente acalorada, lo que me hizo agudizar mi sentido del oído para averiguar qué pasaba. Cotilla, pensarás. Quizá. En cualquier caso, esa mujer, a todas luces cuidadora de unos menores no acompañados procedentes de algún país árabe, trata de explicarles el porqué no podía acudir a ver el fútbol como las miles de personas que se paseaban con alegría ante sus ojos, ataviados de sus colores.

—No podemos, tenéis que entender que no puede ser —se afanaba en responder.

—Todos van al estadio. Nosotros queremos ver al Almería, ¿no tenemos derecho? —contestaba uno de ellos con lágrimas en los ojos.

Ella les explicó que el dinero del que disponían era insuficiente. Que esa tarde irían al cine. Ellos no parecían del todo contentos. Son niños. Niños, para el que pierda el hilo. Los niños necesitan explicaciones. Ellos no entienden de lugares, de crisis migratorias ni de problemas económicos. Son niños. Acogidos en nuestra sociedad y que, ahora, dependen de nosotros. A mí personalmente se me cayó el alma a los pies. No pude dejar de buscar ideas sobre cómo un club deportivo de máximo nivel, como puede ser el Almería, puede aportar su granito de arena social para que el castillo en el que vivimos sea lo más sólido posible. Por el futuro. Por el presente. Por Almería.

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