
Noticias descatadas del Deporte Almeriense
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
https://www.facebook.com/radiomarcaalmeria/videos/2918055878247219/
#RADIOBLOGMINUTO92, por Víctor J. Hernández Bru.
Que en el mundo el fútbol hay demasiado tarugo metido en los campos es una realidad que no creo que se atreviera a cuestionar ni siquiera alguno de esos tarugos. Y que los que estamos en el otro lado somos demasiado condescendientes con su presencia a nuestro lado, ahí en los campos, junto a nuestros hijos y los hijos de los demás, escuchando sus imbecilidades, observando cómo se dan de leches cuando la estupidez se les condensa dentro y ha de salir a escape por algún lado, también.
Lo normal es que los que pensamos que se puede ir a un recinto deportivo a animar a los nuestros, a disfrutar con el espectáculo y a vivirlo en familia y con amigos, sin tensiones ni faltas de respeto a nadie, nos plantáramos; dejáramos claro que o ellos o nosotros, o salen ellos por la puerta o no entramos nosotros; o se garantiza que todo el mundo que se mete en ese tipo de recinto con nosotros sabe comportarse o no iremos nosotros.
Seguramente, así los clubes tomarían las medidas que tienen que tomar para echarlos de una puñetera vez del deporte, en lugar de exhibirlos como monos de feria en gradas enjauladas para que todos ‘disfrutemos’ (póngansele todas las comillas del mundo al término) de su lamentable espectáculo.
Hasta ahora, los espectáculos solían tener como protagonistas a imbéciles que resolvían su ausencia de neuronas a base de golpes contra otros imbéciles no mucho más listos; o bien a animales que descalificaban a los protagonistas del espectáculo en función de su género o de su raza. Insisto, habíamos llegado al intolerable punto de haber normalizado tales situaciones, aunque de un tiempo a esta tarde, se ha palpado la reacción de una cierta parte de la sociedad, normal en sus planteamientos y razonamientos y capaz de rechazar tales comportamientos hasta el punto de cuestionar si el evento en sí debía pararse o continuar.
Este fin de semana, hemos conocido a un tercer grupo de imbéciles, cada día más común en la sociedad en general y de creciente número en el mundo del deporte: aquellos capaces de descalificar al deportista en función de su orientación política.
Que Roman Zozulya no es fascista ni nazi es una evidencia; tan sólo hace falta conocer un poco lo que significan esos dos movimientos para comprender que el delantero del Albacete está a años luz de compartir esas ideas y mucho más de manifestarlas y plasmarlas en comportamientos. Zozulya es un nacionalista de su país, lo cual no me parece ni bien ni mal, pero desde luego no es lo que creen que es los Bucaneros, analfabeta, inculta y sobre todo intolerablemente violenta peña del Rayo Vallecano.
Pero de ese tipo de peñas que, insisto, los clubes siguen tolerando en el deporte, a mí no me extraña nada. Lo que me ha llamado la atención es la reacción de una parte de la sociedad, de los medios de comunicación y también de los partidos políticos ante los hechos acaecidos. He escuchado que nunca un partido se ha parado por comentarios racistas y que, por tanto, no debía hacerse por llamar nazi a un rival. Es esa parte sectaria e intolerante del espectro político, que en lugar de que las cosas que se hacen mal se hagan bien, cuestiona cuando algo se ha hecho correctamente, por el mero hecho de que el insultado no es de su misma ideología.
Pensándolo bien: no es fácil echar del deporte a los vándalos, cuando los que se suponen representantes sociales cualificados no dan muchos más motivos para pensar que han de estar fuera de la jaula.




