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VÍDEO BLOG #Minuto92: Rubi y El Silencio de los Corderos

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El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru

VÍDEO BLOG #Minuto92: Rubi y El Silencio de los Corderos, por Víctor J. Hernández Bru.

He de reconocer que, cuando me preguntan por un actor, no suelo acordarme de él, pero ello no significa que no tenga claro que Anthony Hopkings es uno de los mejores que ha dado la historia del séptimo arte en toda su extensión.

En ‘El Silencio de los Corderos’, su personaje, Hannibal Lecter, le explicaba con magistral interpretación a su psicóloga que de pequeño escuchaba el chillido de estos animales hasta ser ejecutados, momento en el que rompía el silencio. El pequeño Hannibal esperaba que aquella tormenta desembocase en el momento del silencio.

No voy a venir yo aquí a dar clases de silencio, que es precisamente una de mis menos cultivadas virtudes, pero he de reconocer que admiro a quienes son capaces de practicarlo, a quienes lucen la virtud de la paciencia a la hora de guardar dentro lo que, afuera, sería mucho más perjudicial que beneficioso.

El silencio del entrenador del Almería, Rubi, es todo lo contrario al de los corderos de Hannibal Lecter, puesto que se produce justo cuando lo están ejecutando poco a poco. Joan Francesc sabe, porque no es nuevo en esto, que no sacará partido del grupo humano con el que le han obligado a trabajar. De hecho, hace ya mucho tiempo que es consciente de que en la dirección deportiva del club no hay nadie al volante y de que el ascenso del año pasado es el resultado de acumular presupuestos millonarios, hasta tres, escoger los pocos aciertos en materia de fichajes que se han producido en ese tiempo y dejarse aconsejar un poco por él mismo.

Rubi es, en el Almería, un superviviente, el general Custer, el último de Filipinas. Y así debe sentirse: solo, muy solo; porque a su alrededor no hay nada ni andie. Rubi es la única muestra de inteligencia futbolística que habita en el Mediterráneo y, a su alrededor, muchos más jefes que indios, pero que en su vida han dado una patada a un bote.

Por eso llama la atención el silencio de Rubi, tímidamente roto en ocasiones muy puntuales, como en las ruedas de prensa post-partido, en la última de manera contradictoria, siendo capaz de decir al mismo tiempo que no se le marca ni al Arco Iris y, al mismo tiempo, que está contento, cosa que no se creía ni el cuello de su camisa.

Rubi va a morir. Es injusto, pero lo saben solo dos: los vivos… y los muertos. Va a morir con las botas puestas, como el viejo general, víctima de la vida, de la superioridad numérica y de poder de los indios, de los malos frente a él. Y sabiéndolo, ha decidido apostarse tras los dos carros que aún posee, echados al suelo, y seguir con su trabajo que es el de disparar mientras haya balas, pero sin levantar la voz de manera ostensible.

La destitución de Rubi, que llegará ahora o dentro de unas semanas, por el mero hecho de que ni él ni Harry Potter son capaces de hacer competitivo un equipo que, sin Sadiq, no lo sería en Segunda, no lo fue en Segunda sin él, pero eso no convierte en justa la situación. Rubi no está siendo brillante en la gestión de la derrota que supone no haber sido capaces de darle un equipo competitivo, mínimamente competitivo, pero es que sacar petróleo excavando en la terraza de un noveno piso no es tarea fácil. La última duda que me queda es saber si, aunque calle mientras lo degüellan lentamente, Rubi chillará al morir, si completará el efecto justamente contrario al de los corderos. Habrá que esperar, aunque ya no mucho, mi general.

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