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VÍDEO BLOG #Minuto92: Sin ninguna pena, pero con todo el reconocimiento y admiración: Hasta siempre, Luis Enrique, nuestro Capitán Alatriste

VÍDEO BLOG #Minuto92: Sin ninguna pena, pero con todo el reconocimiento y admiración: Hasta siempre, Luis Enrique, nuestro Capitán Alatriste, por Víctor J. Hernández Bru.

Aprendí hace tiempo a no tener demasiado apego por los entrenadores. Pasé ocho años en un club viéndolos pasar, sabedores de que su trabajo es efímero y el juico sobre él, muchas veces injusto. Les va en el sueldo y seguramente por eso, el sueldo suele ser bueno. Conviví esa época dentro del vestuario con algunos magníficos técnicos, desde Antonio Tapia hasta Pepe Mel, pasando por Castro Santos, Salmerón, Quique Setién o Paco Herrera; y todos, salvo este último, fueron despedidos o relevados de su cargo.

Luis Enrique juega fuerte; en el fútbol y en la vida. Y quien así lo hace, no puede esperar misericordia de sus oponentes cuando vienen mal dadas. Luis es un poco Alatriste, el personaje de Pérez Reverte: solitario, desafiante, despreocupado del sufrimiento, siempre dispuesto a dar su vida por cualquier gilipollez cotidiana.

No seamos cínicos: el juicio a Luis Enrique no ha sido deportivo ni futbolístico, a pesar de que, si se le hubieran aplicado éstos con respecto al último Mundial, el resultado final hubiera sido el mismo. Ni siquiera lo ha destituido un presunto ‘test’ de simpatía. No hay nadie tan gilipollas en este país como para pensar que un seleccionador tenga que tener entre sus cualidades indispensables el trato agradable.

A Luis Enrique se lo ha cargado su independencia, una osadía frente al madridismo reinante que ya lo tenía entre sus enemigos íntimos antes de ser seleccionador y que ha recrudecido su animadversión al comprobar que, lejos de amagar la raspa y rendir pleitesía, Lucho se ha mantenido firme en sus convicciones y desafiante ante el poder de la caverna.

Para Luis Enrique, no seguir en la Federación es la mejor solución, porque ahora podrá trabajar con una paz que él no busca, pero que, aunque no lo sepa, le vendrá bien. Para el fútbol español está por demostrar, puesto que se va un seleccionador que ha terminado invicto en el 89% de sus partidos, que perdió una final por un gol en fuera de juego y que cayó eliminado en dos competiciones desde la tanda de penaltis (gracias Kandy).

España no está en su mejor momento futbolístico. Tras el Mundial de 2010, muchos dijeron, o quizás dijimos, que iba a haber mucha gente que se pensaría que ahora lo nuestro era ganar mundiales, tras no haberlo hecho nunca hasta ese momento; y que se iba a empezar a exigir terminar cada cuatro años con una estrella más en el pecho.

Esa absurda pero esperada presión, junto con la desaparición de la mejor generación de jugadores que hemos tenido, no relevada en el mismo nivel ni mucho menos, ha provocado que el forofismo patrio haya puesto el nivel a la altura de la utopía. España no ha dado a luz en su vida a un Balón de Oro, no tiene equipos que ganen títulos europeos y cuyas figuras sean españoles (como sí sucedía en 2010), no está al nivel de los grandes del mundo, a pesar de lo cual a la selección se le exige siempre el título. Hasta siempre, Capitán Alatriste.

La era Luis Enrique ha ofrecido unos resultados bastante coherentes con el nivel de nuestro fútbol, aunque entre ellos no ha estado el caer ante Marruecos en octavos, tras palmar antes con Japón. Por eso digo que deportivamente es justo que Luis Enrique no siga, aunque todo el mundo sepa que los motivos de su adiós no son en absoluto deportivos.

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