Noticias descatadas del Deporte Almeriense
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
VÍDEO BLOG #Minuto92: Un poquito de verdad sobre la salida de César Montes y sobre las operaciones de compra-venta de la UDA, por Víctor J. Hernández Bru.
Sinceramente, en ocasiones resulta tremendamente cansado tener que desmontar las trolas macabeas que, bien desde el club, bien desde los medios de comunicación satélites del club, no dejan de emanar y de fluir hacia la opinión pública almeriense. No cabe duda de que es mucho mejor, mucho más agradable contar que todo es maravilloso, que todo marcha a pedir de boca, que el club sigue en Primera, que el pasado año no se hizo el ridículo y que tenemos una defensa solvente y que nos va a asegurar el ascenso a Primera. Y por supuesto, es mucho más tranquilizador afirmar que se ficha de maravilla y que además se gana dinero, al tiempo que cada año se hacen grandísimas plantillas.
Pero no es así. La realidad es que la UD Almería está exactamente en el mismo sitio que hace cinco años, cuando llegaron Turki y El Assy, tras haber gastado más de cien millones en fichajes, la gran mayoría de ellos fallidos.
La realidad es que por aquí han pasado 85 fichajes, de los cuales muy pocos han sido éxitos, menos de diez, y muchos de ellos han sido auténticos patinazos, brindis al sol, ensayos con champán del caro, disparates que olían a disparates y lo terminaron siendo, como los Juan Gutiérrez, Olivera, Jonathan Silva, Ivanildo, Ozornwafor, Pedro Mendes, Schettine, Nelson Monte, Arvin Appiah, Sviderski, Gui Guides, Milovanovic, Kaiky, Arnau Solá, Houbouland Mendes, Lázaro Vinicius y así podría seguir hasta mencionar más de cincuenta.
La realidad es que, de ese plan de comprar jugadores exóticos y venderlos caros, sólo le ha salido la jugada con Darwin Núñez y con Sadiq Umar, en este caso gracias a que se montó una operación a tres bandas con el Newcasttle, cuyo dueño es compañero de gobierno de Turki en Arabia Saudí.
La realidad es que no hay quien arroje luz sobre traspasos vendidos como millonarios, pero no confirmados por los clubes de destino, como la increíble historia de los 28 millones pagados por un jugador que había marcado siete goles como El Bilal Touré y que un año después ha sido vendido por diez menos; o lo de los siete millones de este año por Ramazani.
La realidad es que un club, tras cinco años, puede haber acumulado 120 millones de beneficios, tal y como leo en el titular de una noticia de estos días, o bien haber acumulado 120 millones de ingresos, como leo en el texto de esa misma noticia; pero nunca las dos cosas, porque beneficios no es lo mismo que ingresos.
La realidad es que, en todo caso, incluso si se han llegado a esos 120 millones de ingresos, que es evidente que no, pero que desde luego no son beneficios, porque la UDA sigue sin poder fichar con libertad porque no cuadra el tope salarial que sí cuadraría en el caso de tener esos beneficios. Y por tanto, la cruda verdad es que la gestión es un desastre y el club no ha podido ir este verano a por los objetivos que prendía, porque ni vende caros a sus jugadores ni es capaz de generar otros ingresos que equilibren la masa salarial.
Y la realidad es que en la operación César Montes ha sido una ruina para la UDA, porque hace un año se compró por once millones de euros más variables y ahora se venderá (si se concreta la operación) por seis más variables, es decir, que en un año el precio de mercado se ha devaluado en cinco millones, que pesan como una losa en el balance y en el tope salarial del club, en un año en el que, además, el central era un fichaje estrella en una plantilla que estaba virtualmente descendida en enero.
Y dicho esto, ahora podemos contarnos las trolas que queramos, podemos quedar a sacarle brillo mutuamente a nuestros ‘chikitriskis’, pero todo lo que hagamos, al margen de estas crudísimas realidades, será seguir haciéndonos trampas al solitario. Y ¡ah!, importante: apuesto a que todos los que están participando en este lamentable juego, serán los primeros que ‘colgarán’ virtualmente del palo mayor a los protagonistas de este cúmulo de despropósitos que ya dura cinco años.




