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VÍDEO BLOG #Minuto92?: Esos niños jugando a la pelota en Paiporta

Noticias descatadas del Deporte Almeriense

El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru

VÍDEO BLOG #Minuto92?: Esos niños jugando a la pelota en Paiporta, por Víctor J. Hernández Bru.

Estamos viviendo imágenes sobrecogedoras una detrás de otra en estos días. A cual de ellas más. La gran mayoría, en negativo: desde casas destrozadas hasta padres que lo están aún más porque no saben dónde están sus hijos, hasta llegar a hijos que vieron a sus padres soltarse de sus manos ante la fuerza de la corriente y ésa fue su despedida para siempre.

Y en mitad de todo ello, algún rayo de luz: como la solidaridad de la gente y el dolor por el dolor ajeno, o como un rey digno y que sólo con ser, pero también con estar, da lecciones de dignidad.

Sin embargo, hay una imagen que, con ser mucho más sencilla, infinitamente menos trascendente, también me ha sobrecogido. Hay quien dice que “nunca la oscuridad ha vencido a la luz”. O dicho de otra manera, tras la tempestad viene la calma, aunque ésta en ocasiones tarde demasiado en llegar.

Con la luz luminosa del sol, varios días después de la destrucción, con las calles aún convertidas en un escenario bélico, con el barro cubriendo las calles y los enseres personales amontonados en las puertas, un grupo de niños juega a la pelota en Paiporta, zona cero de la catástrofe.

Sin duda que sus padres habían tenido dificultades para darles de comer la noche antes; es evidente que eran conscientes de que ese día deberían estar en el colegio y la tragedia se lo estaba impidiendo; estoy seguro de que eran perfectamente conscientes de cómo el torrente había arruinado la vida de sus familias, pero ellos encontraron el lugar y el momento para usar lo primero que encontraron para jugar a la pelota.

Era como siempre ha sido, como en la posguerra, como en nuestra infancia, como hoy si las malditas máquinas volvieran a dejar paso a las palabras y el contacto entre personas. Al verlo, sólo pude pensar en lo tremendamente afortunados que somos porque nuestros hijos no sólo tienen un techo, una cena que llevarse a la boca, un colegio al que ir al día siguiente, sino porque, si les dejamos, ellos solos buscaran un momento, un lugar, una pelota, para ser felices.

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