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Federico Soria, histórico abonado, se despide de la UD Almería en protesta por una medida que considera injusta

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Soria anuncia que no renovará su abono tras décadas de fidelidad, criticando la nueva política que castiga a quienes no acudieron al 80% de los partidos, sin contemplar causas personales o de fuerza mayor

En el aroma cálido del pan recién hecho y entre el murmullo cotidiano de la Panadería del Rosal, se vivió una entrevista diferente. Federico Soria, abonado durante más de treinta años de la Unión Deportiva Almería, se sentó a hablar no solo como aficionado, sino como un símbolo de una afición que se siente herida. El motivo: la nueva normativa del club que penaliza a los abonados que no asistieron al menos al 80% de los partidos en la pasada temporada.

“No voy a renovar. Me duele, pero no me han dejado otra opción”, afirmó Soria, con voz firme pero cargada de decepción. Él, su esposa, su yerno y su hija —cuatro abonos en total— no seguirán como socios del club de sus amores por una medida que califica de “arbitraria, caprichosa y profundamente injusta”.

La normativa ha encendido la indignación de muchos seguidores. Aunque el club considera que pretende incentivar la asistencia, Soria expone que no se puede generalizar ni ignorar las circunstancias personales de los abonados. “¿Y si estuve enfermo? ¿Y si me operaron? ¿Y si no pude ir porque el partido era un lunes a las ocho y vivo en Huércal-Overa?”, se pregunta. Para él, y para muchos como él, la afición es un acto de fe, no un contrato condicionado al 80% de asistencia.

Con elegancia y dolor, lamenta no haber sido informado previamente de esta condición cuando renovó su abono la temporada pasada. “Nos pidieron el dinero por adelantado, sin saber ni qué jugadores iba a tener el equipo. Y ahora nos penalizan sin previo aviso. Esto no es serio”, comenta.

El testimonio de Soria es el de miles: familias completas que se sienten traicionadas, personas con problemas de salud que ahora se ven castigadas, y aficionados que sienten que el club ha roto el vínculo emocional que los unía a las gradas del Mediterráneo.

“El club tiene libertad para poner sus normas, pero también tiene responsabilidad con su gente. Lo que han hecho es traicionar esa confianza con nocturnidad y alevosía”, sentencia.

Con sus palabras, Federico Soria no solo lanza una crítica. También deja una advertencia. La afición no se impone ni se compra; se cuida, se respeta y se honra. Y cuando eso no ocurre, hasta los más fieles pueden dejar el asiento vacío.

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