Noticias descatadas del Deporte Almeriense
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
VÍDEOBLOG #Minuto92: La cabeza del burro: el presidente de Los Molinos o la historia de una decepción cantada, por Víctor J. Hernández Bru.
Como suele decir mi amigo Miguel López, cuando por la puerta pasa la cabeza del burro, no te hagas líos: lo que viene detrás es el burro. Suelo no olvidarme nunca de dicha frase y la suelo aplicar de manera constante, aunque también soy mucho de esperar a que lo que ‘parece’, termine ‘siendo’.
Recordará, mi querido oyente/lector, que hace aproximadamente una semana conté, indignado, una desagradable e irritante experiencia vivida en el Campo de Fútbol de Los Molinos, durante un partido de fútbol benjamín. La experiencia consistió en aguantar a tres padres del equipo local que, durante todo el partido no pararon de instigar al jovencísimo árbitro del partido, con algunos insultos incluidos, así como las amenazas de uno de ellos al público rival, con aproximación incluida.
Por suerte, la cosa no pasó a mayores, pero me fui ese día de dicho espacio deportivo rebelándose contra el hecho de que los demás padres allí presentes, incluyendo el resto de los padres de dicho equipo, tuviéramos que aguantar con ese clima desagradable y violento cuando de lo que se trata es de disfrutar de nuestros hijos y de su deporte favorito.
Como es costumbre en mí, di la cara: me puse en contacto con el presidente de Los Molinos CF, Marías Flujas, conocido y amigo de esta casa. Se trataba de presentarle mi queja por lo vivido en un campo en el que su equipo era local, con su afición o, mejor dicho, con una parte pequeña de su afición, puesto que el resto se había comportado con total normalidad; y al mismo tiempo exigirle que tome medias, como máximo responsable del club, para aclarar los hechos y que no se volvieran a repetir.
No se trataba de nada que me hubieran contado, sino hechos que yo había vivido. Desde el primer minuto vi a un Mati contrariado porque yo lo pusiera ante la realidad de algo que pasa en su club. Su primera reacción fue decirme que eso pasa en todos lados. Y seguramente sea cierto. Pero no sé qué es lo que aporta esa triste generalidad. Entiendo que, si pasa en todos lados, cada presidente tendrá que arreglar su casa. Y la casa de Mati es en la que yo había visto por dentro. Insisto, no en el caso de la totalidad, sino de una parte pequeña de los padres de un equipo.
En las primeras conversaciones, Mati osciló entre el compromiso a cortar todo eso de manera radical, con reuniones y medidas varias, y la queja de por qué me centraba yo en Los Molinos, cuando se trata de una realidad tan general. La respuesta era y es evidente: yo me centro en lo que he visto, en lo que he vivido tan desagradablemente. De hecho, llegó a mandarme mensajes de personas de su club en los que se relataban los hechos justo al revés de como yo los viví. La cosa ya olía mal.
Mati quedó en que iba a reunir a los padres de tal equipo e incluso me ofrecí a ir a la reunión. Aquí no se trata de criminalizar a nadie, sino de asegurar que los padres y nuestros hijos podemos ir tranquilos a una instalación deportiva y que quien no sabe comportarse sea señalado y, si es preciso y no lo acepta, expulsado. Mati me dijo que perfecto, que me llamaría, pero la semana ha transcurrido sin tal llamada.
Llegado el fin de semana, Mati se puso en contacto conmigo, pero no para nada que tuviera que ver con el arreglo de los problemas que tiene en su casa, sino para decirme que en La Cañada también se comportan mal y que “uno de tus colaboradores”, así lo definía, también la ha liado hoy y ha sido expulsado. Me habló de gritos, de encararse con el árbitro, de no obedecer al ser conminado a marcharse de la grada y de visita indebida posteriormente en el vestuario del colegiado. Curiosamente, también me decía que los hechos no habían sido reflejados por el árbitro en el acta.
Obviamente, le pregunté de quién se trataba y me dijo que Hugo Moreno, tertuliano de esta casa. Obviamente, lo puse en conocimiento de Hugo de manera inmediata y éste me negó los hechos, me dijo que en absoluto se habían producido en los términos narrados por Mati y que sí había sido expulsado, por lo que posteriormente pidió perdón al colegiado.
Lo que a Mati se le olvidó referirse, en mitad de tanta precisión, es que él no había estado presente en esos hechos, sino que se los había contado, a pesar de lo cual me los trasladó con total minuciosidad y asegurándome sin dudas que habían ocurrido así. Mati me ocultó que me estaba trasladando un relato, no lo que él había vivido. Vamos, que me engañó, que me intentó manipular.
Cuando lo referimos así en la radio, volvió a mandarme mensajes, quejándose porque yo lo había hecho público y amparándose en que se trataba de una conversación privada, lo cual en ningún momento había especificado con anterioridad.
Y ésta es la realidad que tenemos: presidentes de clubes de fútbol base que, cuando no son capaces de hacer guardar la deportividad, el juego limpio, el decoro e incluso la seguridad en los partidos de sus equipos y se les llama por ello la atención, en lugar de ponerse a trabajar para arreglarlo, se dedican a intentar taparlo, a sentirse atacados en lugar de ayudados a solucionar un problema que es grave. Y luego, por supuesto, a buscar problemas protagonizados por los demás, para intentar desviar la atención sobre los suyos.
Mati ha resultado ser lo que parecía desde el principio de esta historia: un presidente que en realidad se siente cómodo con aquellos padres que no saben comportarse en una grada, que intenta tapar los hechos para que no dañen la imagen del club cuando el efecto que consigue es justo el contrario, que siempre ve persecuciones y discriminaciones con respecto a los demás, seguramente porque le falta preparación y profundidad para darse cuenta de la gravedad del problema que está albergando y tapando.
Mati no puede seguir ni un segundo más al frente del club que preside, porque es cómplice de los hechos que yo viví hace dos fines de semana. Y como él, el resto de dirigentes deportivos que se comportan así, tampoco pueden seguir ni un segundo más. Y no, no nos vamos a rendir, ni a acobardar, ni a aburrir de denunciar este tipo de comportamientos. Una pena, Mati: al final, detrás venía el burro. Un gran decepción.




