
Noticias descatadas del Deporte Almeriense
Mal va a terminar lo que mal empezó, es la sensación que planea ahora mismo sobre la segunda etapa de Rubi en el banquillo de la UD Almería. Recuperar al técnico catalán fue un despropósito, uno de tantos caprichos de ‘niño rico’ de Turki Al-Sheikh que decidió hipotecar económica y deportivamente al club a cambio de un ‘last dance’ del único entrenador que le había dado alguna alegría. El Assy no quería volver a ver al de Vilassar de Mar por el Juegos del Mediterráneo, le había estado poniendo verde casi desde que llegó por los despachos, le considera un míster ‘cagón’, no le perdona el sufrimiento del año del ascenso, el ‘Alcorconazo’, tampoco los lamentables números a domicilio del equipo el año siguiente en Primera División, no quería verlo más, además después de denunciar impagos en la reunión nacional de entrenadores, pero no le quedó más remedio que descolgar el teléfono y ofrecerle un megacontrato para como buen lacayo cumplir las órdenes de su jefe y poder mantener su vida de lujo, nocturnidad y alevosía.
Creo que en su fuero interno El Assy aún confiaba en una negativa de Rubi a esa propuesta, pero el técnico, sin otra oferta que echarse a la boca durante más de un año decidió volver a una ciudad que a su círculo más cercano ha reconocido que no le gusta absolutamente nada. Año y medio después, el colapso con el otrora venerado entrenador rojiblanco comienza a coger proporciones bíblicas. Después del fiasco de la pasada temporada, en la presente se ha vuelto a reforzar el equipo para que el millonario técnico, a razón de tres kilos por temporada, no sepa que hacer con él. La plantilla más cara de la categoría no sabe a qué juega, cede el balón y la iniciativa ya sea a un rival directo o a un colista desahuciado, es un flan en defensa y en ataque depende de alguna individualidad y de la calidad de jugadores que, para colmo, ahora mismo no pasan por su mejor momento.
Rubi ha fracasado, lo hizo la pasada temporada, aunque su prensa amiga y blanqueadora dio altavoz a los lloros por la ausencia de Luis Suárez para justificar el descalabro en los play off, y también lo está haciendo en la presente, con el equipo incapaz de auparse a los puestos de ascenso directo, van seis intentonas fallidas, y con un ridículo en la Copa del Rey del que se quiso pasar página con un barniz de normalidad que avergüenza al más pintado. Sin plan, sin estrategia, sin trabajo, a verlas venir y esperar que Embarba, Arribas o Baptistao puedan apagar el fuego, el Almería de Rubi es un juguete roto que clama a gritos un cambio de rumbo ahora que aún hay tiempo para todo. Sin ambición y apoltronado en las maravillosas cifras de su contrato, el técnico indálico espera que la calidad de la plantilla le saque del apuro o, en su defecto, que El Assy convenza a su nuevo superior y prepare un finiquito que le haría feliz, muy feliz.




