
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
Llamadme loco, pero empiezo a pensar seriamente que algo raro pasa en el Almería, que hace que todo el mundo tenga una visión, digamos, particular de la realidad.
Nos duela ya la boca esta semana de decir que el equipo está en mitad de una racha de un punto de los últimos nueve posibles y que, en lo que va de campeonato, ha sumado seis de 21, con lo que se le han escapado ya quince.
¿Qué será lo que pasa en ese club, para que hasta un tipo tan sensato, sobrio y serio como Miguel Ángel Corona diga que no hay argumentos objetivos que puedan motivar el nerviosismo o la ansiedad?
Sinceramente, creo que ayer Corona se equivocó y no poco. Es muy lógico que un capitán, un jugador experto y veterano como Miguel ejerza su papel y calme los nervios de sus compañeros más jóvenes.
Sin embargo, muy diferente es que salga a la palestra y diga públicamente que un seis de 21 no es para estar nervioso ni inquieto.
Alguien, con buen criterio, podría preguntarle al talaverano qué es lo que haría falta para estar inquieto. ¿No haber sumado ni un solo punto quizás?
Conocemos a Corona y sabemos que no es así, pero sus erráticas declaraciones de ayer podrían llevar a pensar que da exactamente igual que el equipo se vaya al descenso, porque en esos puestos es exactamente donde está el plantel de su amigo y compañero Soriano.
Insistimos un día más: no harían nada mal en el Almería si, cuando se ponen delante de un micrófono, tuvieran un poco más presente al club, a esos aficionados que fueron a Murcia y no cenaron esa noche del rebote que tenían, a esos niños a los que empieza a no apetecerles ir al fútbol (conozco a algunos, en serio), a esos peñistas que pasan la semana pensando en el siguiente partido y a esos socios que, a pesar de los pesares, cada domingo acuden con ilusión al campo, para marchar luego cabizbajos.
Creo, sinceramente, que todos ellos se merecen que los de dentro, los técnicos, los jugadores, los directivos y el ausente presidente estén nerviosos y, por supuesto, inquietos.
Para todos ellos, la sombra de la Segunda B es muy dura. Y larga, claro.



