
Noticias descatadas del Deporte Almeriense
No se habla de otra cosa en la España futbolística, Florentino Pérez se sentó ayer con cierto aire despreocupado a dar lo que algunos optimistas llegaron a calificar de rueda de prensa y, sobre todo, a no dejar títere con cabeza. Tuvo para todos, árbitros, LFP, Federación, UEFA, Negreira, prensa… cualquier tablón era bueno para evitar hablar del naufragio de un club que acumula dos temporadas sin ganar un título y con un vestuario en el que, como diría mi querido Paco Navarro, «hay más grupos que en la Tercera División».
Después de escuchar ensimismado la esperpéntica alocución del que se autodenomina como el mejor presidente de la historia del mejor club del mundo, no pude evitar pensar en ciertos paralelismos con lo que llevamos sufriendo aquí en nuestra bendita tierra, salvando las distancias, con otro valiente ejemplar de Homo Sapiens, ya sabéis, Mohamed El Assy.
Florentino, como El Assy, ha decidido meter la basura debajo de la alfombra y lanzar bombas de humo con las que entretener al personal y que reparen lo menos posible en los lamentables resultados deportivos cosechados y los puñetazos que vuelan por Valdebevas. Escuchando al emperador madridista es imposible no recordar cuando el empleado de banca egipcio reconvertido en gestor deportivo culpaba de la racha histórica de 28 partidos sin ganar a Vicente Moreno, Gaizka Garitano, los árbitros, Marcador Almería o los técnicos del Ayuntamiento de Almería, luego llegó Mel, se ganó un encuentro y lo despidió de inmediato.
Todo vale con tal de no hacer autocrítica para estos dos personajes que tienen, además, otro problema añadido, están rodeados de sobalomos y rebañapailas que a cambio del sueldo que su amo les suministra cada mes asienten con la cabeza y no cumplen con lo que debería ser su misión, evitar que hagan el ridículo en público con este tipo de comparecencias. Los encargados de asesorar callan y agachan la cabeza para seguir aferrados al plato de lentejas y esperan con paciencia la caída del líder para volver a ponerse las rodilleras con quienes cojan su testigo.



