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‘TRAS EL PASO’: programa del jueves 21 de mayo (21-05-26)

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Sigo caminando… Pero después de la espera… después del silencio… después de tantas preguntas… por fin llega el momento. Pentecostés. El día en que todo cambia. El día en que el miedo se convierte en valentía. El día en que las dudas dejan paso a la certeza. El día en que unos corazones que estaban reunidos, expectantes y en oración… se llenan de fuego.

No de un fuego que destruye. Sino de un fuego que ilumina. Que calienta. Que impulsa. Que transforma. Porque eso es Pentecostés. La fuerza de Dios actuando en lo más profundo de nosotros. La luz que despeja las sombras. El aliento que nos recuerda que nunca estamos solos.

Y qué importante es comprenderlo. Porque todos, en algún momento, necesitamos ese impulso. Todos atravesamos etapas en las que nos sentimos cansados. En las que el miedo nos paraliza. En las que dudamos de nuestras capacidades. En las que pensamos que quizá no podremos.

Y entonces… llega el Espíritu. No siempre con ruido. No siempre de manera espectacular. Pero sí con esa fuerza serena que te empuja a dar el paso que te faltaba. A creer en ti. A confiar. A levantarte. A volver a empezar. Pentecostés nos recuerda que la fe no está hecha para guardarse. No está hecha para quedarse encerrada. No está hecha para vivirse a medias.

La fe verdadera siempre nos pone en camino. Nos invita a salir. A compartir. A construir. A comprometernos con el mundo que nos rodea. Porque creer no es esconderse. Creer es actuar. Es convertir la esperanza en obras. Es transformar los sueños en esfuerzo. Es poner nuestros dones al servicio de los demás.

Y eso requiere valentía. La valentía de quien se atreve a dar un paso. De quien decide no conformarse. De quien, a pesar de las dificultades, sigue apostando por el bien. Por el amor. Por la verdad. Por la vida.

Hoy el mensaje es claro. No hemos recibido luz para guardarla. Hemos recibido luz para iluminar. No hemos recibido fuerza para quedarnos quietos. Hemos recibido fuerza para avanzar. No hemos recibido fe para encerrarla en nosotros. Hemos recibido fe para compartirla con el mundo.

Por eso Pentecostés no es un punto final. Es un comienzo. El comienzo de una vida vivida con más sentido. Con más entrega. Con más ilusión. Con más coraje. Porque cuando el Espíritu toca el corazón… el miedo retrocede. La esperanza crece. Y uno descubre que está preparado para mucho más de lo que imaginaba.

Y aquí, en Tras el Paso, seguimos caminando contigo. Con la certeza de que el Espíritu Santo sigue soplando. Sigue encendiendo corazones. Sigue regalando fuerza y luz. Y sigue recordándonos que la vida está para vivirla con fe, con valentía… y con el corazón siempre dispuesto a salir al encuentro del mundo. Porque cuando se enciende tu alma… ya no puedes quedarte quieto. Solo queda una opción: abrir las puertas… y echar a andar.

Bienvenidos a TRAS EL PASO… seguimos el camino.

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