
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
https://www.youtube.com/watch?v=UUwWthIOHbI&feature=youtu.be
Pensando pensando, no he terminado de encuentrar nadie que tire piedras sobre su propio tejado que el Dúo Dinámico; ya sabes, el que forman desde final de la pasada campaña Alfonso García y Fernando Soriano.
Desde hace tiempo, pero sobre todo después de los flower-power acontecimientos del pasado fin de semana, está claro que Alfonso es el gran ídolo de Soriano, es su referencia, su Norte, el Adrian de su Rocky.
Desde luego, en eso de echar piedras contra su propio tejado, pocos pueden plantar cara al presidente del Almería, que por las razones que fueran y que sin duda yo ignoro, llegó a tener un equipo en Primera División y, a base de darse calamonazos una y otra vez contra la misma piedra, el pasado año sólo la caridad morada y verde del Córdoba le salvó de verlo regresar a Segunda B.
Alfonso quiere vender el Almería. Para tener clara tal cosa tan sólo hace falta tener un par de ojos en la cara, asimilar la capacidad de hacer la ‘o’ con un canuto y haber bebido menos que en la última cena de empresa.
Lo ha dicho por activa y por pasiva y lo ha puesto en el espacarate de todas las formas que ha sido capaz. Tan sólo le ha faltado colocarlo en Mil Anuncios: “vendo club bien orientado, soleado, con vistas al mar y las mejores calidades”.
Y sin embargo, en lugar de tratar de adecentarlo, se ha empeñado en hundirlo, en devaluarlo todo lo que ha podido, vendiendo o regalando a sus mejores jugadores, haciendo pasar por él a todos los entrenadores que le han elogiado su corte de pelo y despidiendo con cajas destempladas a los que han querido mostrar el más mínimo grado de profesionalidad y, sobre todo, mostrando al mundo que aquello es tan pequeño que cabe en el jardín de su cortijo.
Es como el que quiere vender la casa y opta por echarla abajo, mirar paredes y techos, invitar a sus amigos a hacer sus necesidades por los rincones y publicar todas las fotos en las redes sociales.
Pero el discípulo de Alfonso, el fundador de su club de fan, el entrenador con el que mejor ha comulgado el presidente según sus propias palabras, acaso porque ha sido el que más permeable se ha mostrado con sus deseos, incluyendo el de dejarse hacer las alineaciones como ha sucedido el pasado fin de semana, no le va mucho a la zaga.
El mimetismo de Soriano con Alfonso y viceverse ha llevado al maño a adquirir en tiempo récord la capacidad de tirar piedras sobre su tejado con una habilidad sólo digna de su maestro.
Soriano está empezando, ha comenzado su carrera de entrenador como quien dice anteayer. Se supone que tiene que labrarse un hombre, un porvenir, un futuro.
No parece que la mejor manera de hacerlo sea cantando por soleares que es capaz de permitir que el presidente, el director deportivo o el lucero del alba le digan quién ha de jugar y quién no.
Como es evidente que lo mejor para sus intereses de entrenador, que como decía el sabio de Hortaleza, se conjugan básicamente en ganar, ganar y ganar, no es dejar en el banquillo a dos de sus mejores hombres.
A ganar partidos no ha aprendido mucho, pero a dejar el tejado de su casa hecho unos zorros a base de certeras pedradas, a eso Soriano ha aprendido a velocidad de vértigo. Desde luego, buen maestro tiene.



