
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
En las crisis, en los momentos malos, en las épocas en las que dan ganas de salir corriendo, nunca faltan quienes arremeten contra los críticos, contra los que ponen de manifiesto las causas y los culpables de las situaciones complejas. Incluso suele ser habitual la figura de quien ataca a los críticos, administrando etiquetas y dando clases de las diferentes tipologías de patriotismo que en el mundo ha habido y habrá.
Ayer después del partido del Almería, para mí otro rotundo ridículo del equipo de Soriano otra muestra más de la incapacidad del técnico para hacer que el equipo sume victorias y de la inefectividad de su fútbol, rácano y defensivo, huérfano de creatividad y atiborrado de lagunas tácticas, leí algunas críticas hacia mí en redes sociales.
Es normal. Todo el mundo no puede estar de acuerdo. Como es normal que, en los momentos de crisis, las críticas se manifiesten con mayor rotundidad y ferocidad de lo habitual.
Puede que sea y payaso y un charlatán, no lo niego. Pero me preocupó sobremanera el término ‘antialmería’, que exhibió uno de los seguidores de Radio Marca, al que, como tal, tengo todo el respeto del mundo, incluso cuando él no me lo tiene a mí. Un oyente es un oyente y en la radio, el oyente, que es el cliente, siempre merece un respeto.
Pero me preocupa porque el tildar de antialmeriense a quien opina diferente a ti es un recurso peligroso, acaso totalitario. Nada me gustaría más que quienes piensan así, vinieran un día por aquí y nos explicaran por qué piensan que criticar lo que algunos definimos como mala gestión tanto de Alfonso como de Soriano es ser antialmerienses, por qué están convencidos de que cayando, tragando la disparatada actuación de ambos es ser más del Almería que poner de manifiesto estas carencias, con la esperanza de que haya algún tipo de reacción que nos libre de la Segunda B.
Sinceramente: no me gustan quienes vienen dando clases de almeriensismo. Estaría dispuesto a admitir que cayar, tragar, aceptar, bajar la cabeza y asentir ante la errática política de fichajes, la ausencia de preparación del entrenador, el disloque en la dirección deportiva, el ‘tocameroquismo’ de su filosofía comunicativa, el ‘ni está ni se le espera’ del presidente y la manera que tienen de contarnos versiones palpablemente alejadas de la realidad y el dislate que es, en general, el club, puede ser más beneficioso para el club que criticar y poner de manifiesto todas estas circunstancias.
Yo no lo creo, pero estaría dispuesto a aceptar que quienes creen que todo es ‘maravilloso, maravilloso’ ayudan más al club; incluso que ayudan quienes piensan que todo es un desastre pero, aún así, callan para que no haya problemas o enfrentamientos.
Yo estoy convencido de que ayudamos mucho más al club quienes ponemos el dedo en la yaga. Es una posición mucho menos cómoda, mucho más arriesgada, que en ocasiones nos proporciona el desdén del club, el desprecio de su presidente e incluso el insulto de algún oyente en redes sociales.
Pero sólo hay un motivo para mantener esta postura. Un motivo que puede partir del error, pero que es tan sincero como directo: quienes nos creemos en la obligación de denunciar públicamente ese desastre andante quie es hoy el Almería, lo hacemos, o al menos yo lo hago, porque quiero al Almería, porque soy almeriense de toda la vida, porque anhelo un Almería mejor y porque creo que tenemos una pedazo de afición, fiel y numerosa, que no se merece esta gestión.
Y como lo creo, sintiéndolo mucho, respetando a quienes no le gusta la crítica y admitiendo que la postura nos supondrá algún que otro problemilla, voy a seguir siendo crítico con lo que crea que lo merece y con la esperanza de ayudar a la mejora.
Ah, y también seguiré siendo un poco payaso y charlatán… pero eso viene de fábrica.



