
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
Por eso, en términos generales, me gustaron las palabras de Nano anteayer, en las que reconocía que ahora, con Ramis, se trabaja con bastante mas intensidad de lo que se hacía con Soriano.
Es cierto que se podría rizar el rizo y preguntar a Nano por qué no dijo eso cuando el técnico era todavía el maño o que por qué no manejó esa reflexión internamente por aquel entonces, cuando todavía se podía ayudar a que el equipo enderezase el rumbo bajo el mando del otrora ‘gran capitán’.
Pero habrá que convenir que las situaciones son en ocasiones complejas, que a ninguno nos hubiera parecido adecuado una rajada sobre falta de intensidad con Soriano aún en el cargo y que tampoco sabemos si el lateral llegó a plantear intensamente la posibilidad de meterle una marcha más, o cuatro, al ritmo de entrenamiento.
Pero si hay algo importante en las palabras de Nano, para mí, es la constatación de que en el Almería, al menos en el Almería anterior a Raúl Lozano, nadie se enteraba de nada.
Ahora resulta que en el día a día, en los entrenamientos del anexo, no eran sólo algunos periodistas como César Vargas los que percibían un inadecuado ritmo de las cosas, aun compadreo impropio de un equipo en descenso, un trote cochinero más acorde a los veteranos de Davide Martínez, Salva Miralles o Sebas Miras.
Nos enteramos, a estas alturas, que los propios jugadores también percibían que la intensidad no era la adecuada, o que al menos se podía trabajar a otro ritmo muy diferente.
Y la pregunta es: estando así las cosas: ¿hemos tenido que consumir más de dos tercios de Liga para ponerle remedio a la situación? ¿Dónde estaba la estructura del club? ¿Dónde la directiva, el consejo de administración, el preisdente, los diversos directores deportivos, la directora de organización, los vicepresidentes ejecutivos y demás familia?
Pero decía anteayer, que sin tener ni idea de las cualidades ni de cómo le van a salir las cosas a Raúl Lozano, aquí no hay más que una cosa indiscutible: que el club necesita profesionales de experiencia, trayectoria y calidad como el comer.
O en su defecto, profesionales que al menos se den cuenta de lo que tan sólo ven dos: los vivos… y los muertos.




