RadioBlog: Minuto 92

Querido Ángel María (II)

El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru

Querido Ángel María,

Hace unas semanas, unos meses, te escribí unas líneas a través de este mismo canal. Supongo que las habrás recibido, aunque tu apretada agenda te ha impedido responderme. Lo entiendo. Ya ha terminado la temporada y, sí, para nosotros, los almerienses, el resultado no ha podido ser peor: el Almería ha perdido la categoría.

Llámame suspicaz, pero soy de los que piensan que vuestra desmedida medida, déjame que lo diga así, de quitar tres puntos a nuestro equipo, ha influido de manera decisiva en este descenso, no porque haya sido clave en la suma de puntos, finalmente, pero sí porque ha provocado un desequilibrio que ha influido en todo: en jugadores, en afición, en la estabilidad del club y en todo.

No vamos a discutir, Ángel María, sobre ello. Tú tendrás tu opinión y yo la mía. Pero sí quería aprovechar este final de temporada para pedirte que reflexiones, que le eches un minutillo de tu apretada agenda para pensar en la que tienes liada, pollito, en el fútbol español.

Mira, por ejemplo, en tu modo de proceder este fin de semana. Se disputaba en Barcelona la gran fiesta de nuestro balompié, la final de la Copa del Rey, con un estadio con 100.000 almas entregadas dentro y más aún fuera, con todo el mundo en España pendiente de lo que pasaba en el Nou Camp y alrededor de la final.

Y tú, Ángel, querido, vas y te plantas con casi una hora de retraso en la comida de directivas. Más de 200 personas allí esperando, con los entrantes sobre la mesa, los tíos muertos de hambre, alguno picando las almendrillas disimuladamente y sin que nadie los viera, con los entrecotes enfriándose en la cocina, el vino calentándose sobre las mesas y tú sin llegar, sin avisar, sin pedir disculpas.

¿Pero no ves, Ángel, hijo, que das la imagen de que te importa todo un carajo? Que yo sé que no es así, que tú eres un tipo muy respetuoso y que todo tiene una explicación, pero como no la das, pues la imagen que trasladas es la de quien se cree el dueño del cortijo. Y tú sabes que no es así. Que la Federación pinta lo que pinta en todo esto. Que el día que los jugadores digan basta, tú te quedas en calzoncillos; y si son los clubes los que dicen de parar, te quedas en cueros, Angelito, chiquillo, que a veces parece que no te enteras.

Y luego lo de la propia Liga, Ángel María, hombre. ¿Tú crees que es de recibo que la Federación, que es la que organiza la Copa del Rey, no invitase a la final a los directivos de la Liga de Fútbol Profesional? ¿Pero no ves que el que queda en ridículo eres tú? ¿No entiendes que todo el mundo piensa que eres un déspota, un dictador y un caradura? Insisto, Ángel, amigo, que tú y yo sabemos que no es así, pero es que no te quieres nada, es que no cuidas tu imagen, Angelito, cariño.

En fin, que yo creo que lo que pasa, Ángel, amigo, es que tú ya estás para estos trotes; que estás mayor, estás cansado y además huraño, gruñón, como a veces pasa en la gente de tu edad. Ya te dije en mi carta anterior que no comprendo cómo no te retiras, te tomas tu merecido descanso. ¿Tú te imaginas las partidicas de dominó con tus amiguetes, retirarte en tu Bilbao, en tu Bocho? Que si un paseo por la ría por la mañana; que si unos chacolís a mediodía, que si un chocolate con churros a media tarde. Además, ahora que aún o ha entrado Podemos, todavía hay obras en las calles, ésas que tanto les gusta ver a la gente de tu edad. Anda, Ángel, nombre, no seas así y date un respiro. Que te lo mereces.

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