Alejandro Asensio

La conciencia de Morcillo

Decía Tino Costa que hay jugadores en este vestuario que no son conscientes de lo que supone un descenso. Morcillo, en lugar de apagar el fuego y actuar como capitán de libro, tirando de diplomacia, echaba más leña a la fogata y se alineaba con el argentino. Y qué razón llevan. Es, quizá, el virus que mantiene enfermo a este equipo y este club desde hace ya cinco temporadas; la desgana.

Tras dejar pasar toda una primera parte y buena cantidad de la segunda, el Albacete saboreaba tres puntos de oro sin necesidad, siquiera, de asomarse a la portería de René. Es que es duro. Es que este equipo parece pasar de todo. A veces quiere y otras, muchas, no. O esa es la sensación que da. Es increíble que el guardameta solicite en varias ocasiones a su defensa que no le cedieran balones con tanta facilidad, que Aridane y Bela estaban apretando y que, si lo seguían haciendo, podrían terminar recibiendo un gol. Pues nada, el hombre, un sufridor más, no paraba de tocar la bola ante la poca comprensión de sus compañeros.

Marcó Marco Motta, y su redundancia existencial, tras una obra de arte de Tino -qué futbolista-, quien regaló, porque eso es tener caridad, un balón de gol. Y otro. Y otro. Y otro más. Se hartó de hacerlo. Pero es que el equipo, que para el que no lo sepa tiene el agua al cuello, se limitó a irse al banquillo local a celebrar no sé exactamente qué. Ahí se le hinchó la vena del cuello al capitán rojiblanco; y no era para menos. El valenciano, harto como estamos muchos, se fue hecho una furia hacia los celebrantes a pedirles que eso de celebrar no puede ir con ellos. Que el Almería necesita sumar de tres en tres y, si no nos equivocábamos los que allí sufríamos, aquel gol solo valía un punto.

Son las cosas de esta UDA; querer, a veces, y no poder; casi siempre. Se presenta en Cádiz y da la cara. Luego, recibe a un raquítico Albacete y da otra parte menos vistosa del cuerpo. No lo entiendo. El caso es que este equipo no puede seguir viviendo de desfibriladores. De un entrenador que llega, empuja tres o cuatro jornadas y acaba, como todos menos Francisco  -quien salvó a una plantilla de Segunda y del montón sin contar a Suso-, a la deriva junto a un barco que debe de hacer aguas hasta por las velas.

Para mí, lo positivo del partido además del punto, porque yo desde el minuto 20 ya no contaba con él, son Fidel y Javi Álamo. Sí, he escrito Álamo. Creo que fue, sin tener en cuenta a un don Tino Costa, el mejor del equipo. El extremo, esta vez sí, hizo lo que se presuponía que sabía hacer. Puso cinco o seis centros de gol. Si hubiésemos tenido a Caballero desde el principio y no a un Juan Muñoz que cuenta los minutos para acabar con su agonía en este equipo, quizá el signo final del partido habría sido otro.

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