
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
El pasado viernes, tuve la suerte de compartir un par de horas con la gente del balonmano andaluz, que celebraba su gala en Almería. Una gala que sirvió para premiar a 26 personas, entidades y clubes que han destacado en este deporte, por diferentes razones, durante el último año.
Me quedo, obviamente, con los escudos de Oro de la Federación a dos almerienses, mi amigo Guillermo Plaza Picón, al que habría que darle un par de escudos de Oro a la semana simplemente por ser como es, y a nuestra mejor jugadora de todos los tiempos, la archi-premiada Carmen Martín.
Sobre el escenario, Carmen, que ya tiene algún que otro tiro dado en esto del deporte y también de las relaciones sociales, aprovechó para pedir que se preste algo más de atención a su deporte, el balonmano, y en especial a lo que están haciendo las chicas a todos los niveles en él.
Y lleva razón, Carmen. La Gala del otro día nos sirvió a todos los presentes para recordar tiempos mejores; aquellos tiempos en los que teníamos tres equipos en la máxima categoría del balonmano español: Almería 2005 en chicos y Vícar Goya y Roquetas en chicas. De allí salió, precisamente, Carmen Martín, que hoy viaja por el mundo ganando títulos con sus clubes y con la selección española.
Poco queda de todo aquello: apenas un Vícar Goya en la segunda categoría y, de lo demás, recuerdos, ilusiones y algún proyecto, además de mucha cantera, porque en la base seguimos siendo una potencia los almerienses.
Alguno se preguntará por la razón de ese decaimiento de lo que era el floreciente balonmano almeriense. Y obviamente, no hay una razón sino muchas. El caso es que entre todos lo matamos, porque aquél balonmano de los tres equipos grandes en nuestra provincia disfrutaba de buena salud y, en cambio, en apenas un par de años se vino debajo de manera dramática.
Y nosotros, los medios de comunicación, tendremos que hacer autocrítica de la parte que nos toca, que seguramente tendrá bastante que ver con ofrecer a aquella conjunción de clubes en la máxima elite la atención y el protagonismo que tenía, para contribuir a que la iniciativa privada y las instituciones apostaran por ella más de lo que apostaron.
De momento, cogemos el reto de Carmen Martín. A ver si entre todos somos capaces de recuperar tiempos mejores ya pasados.




