
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
Seguramente muchos de los que escucháis, soléis ir al fútbol con vuestros hijos, con vuestras mujeres y novias, con vuestros sobrinos, hermanos pequeños, con vuestros padres mayores o, en general, en familia. El fútbol, el deporte de elite, es una fiesta, un espectáculo, un momento de diversión y entretenimiento en tiempos en los que no sobran estas cosas.
Y en ese momento de felicidad, algún día podéis encontraros con individuos como los que anteayer, en Oviedo, quedaron para zurrarse la badana, como calentamiento veraniego, nunca mejor dicho, antes del encuentro entre el equipo local y el Atlético de Madrid.
No parece que a esta parte de la afición del Atleti le haya conmovido el hecho de que algunos de sus descerebrados miembros participasen en la muerte de un seguidor del Deportivo de La Coruña en esta pasada temporada. Más bien tiene pinta de que aquello fue un objetivo cumplido, pero no completado.
Es la lacra del fútbol, afortunadamente no mayoritaria en nuestro país, pero mucho más frecuente de lo que nos gustaría.
A nuestro lado, compartiendo nuestra grada en los estadios, están estos tipos que disfrutan zurrándose la badana como parte del espectáculo, mientras que las fuerzas de seguridad andan a verlas venir.
Supongo que coincidiréis conmigo en la dificultad de encontrarle la diversión y el chiste a esto de citarse para darse de palos y mucho menos si esto se vincula con una actividad deportiva. Entiendo que para hallar las razones de tal sinrazón, hace falta estar tan mal de la cabeza como esta gentuza.
Sin embargo, con ellos no puede haber tibieza, no comprensión ni desentendimiento. Con este peligro andante y viviente que nos acecha sólo puede haber firmeza. Posiblemente esté llegando la hora de que los aficionados de bien, los que van a ver el espectáculo, a disfrutar con él y con la gente civilizada que lo comparte con nosotros, nos neguemos a entrar en un campo de fútbol mientras se siga permitiendo la entrada a estos salvajes.
De lo contrario, conociendo su manera de razonar, es bastante probable que terminen pensando que nosotros también gastamos sus macabras y estúpidas costumbres.



