
Noticias descatadas del Deporte Almeriense
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
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RADIOBLOG MINUTO 92, por Víctor J. Hernández Bru.
FOTO: Imagen de Apoño, amenazando a un aficionado de La Cañada durante el partido, extraída de un vídeo en el que se observan las amenazas.
Os hablaba ayer de unos hechos, vergonzosos y lamentables, que acaecieron en el campo de La Cañada el pasado sábado. Quiso la casualidad, o la Ley de Murphy, quién sabe, que estuviera yo en el campo ese día, tal y como os comenté en este mismo espacio, hace 24 horas. Ello quiere decir que no necesito contrastar fuentes ni preguntar a nadie para saber lo que pasó.
Ayer estaba enfadado, porque odio a quienes vienen a usurpar nuestro deporte, a ensuciarlo con sus faltas de deportividad, a poner sobre él sus negras manos para estropearlo.
Pero hoy lo estoy más; estoy más cabreado, digo. Cabreado porque ayer estuve hablando con los protagonistas de uno y otro equipo y ambos me han decepcionado. Los de La Cañada, porque, ya lo dije ayer, no han querido arrojar luz y taquígrafos sobre unos hechos que les afecta a ellos, pero que nos afectan también a todos, porque cualquiera de nuestros hijos pueden terminar en manos de la gentuza que protagonizó los lamentables hechos del sábado.
En La Cañada no han querido hablar, no han querido colaborar a que se arroje luz sobre lo del sábado; y eso no les convierte en cómplices, pero sí en encubridores del comportamiento vergonzante e intolerable de algunos, sobre todo del ex jugador profesional Apoño, protagonista principal de la vergüenza.
Cabreado porque, al parecer, son muchos los clubes que prefieren callar y mirar para otro lado, tapar hechos intolerables e inadmisibles y vivir instalados en la esperanza de que este tipo de riesgos no desembocarán un día en tragedia.
Pero sobre todo muy cabreado porque me sigo encontrando a personajes indignos en el mundo del fútbol, como Apoño, todo un ex jugador de Primera División capaz de resolver sus diferencias a puñetazos contra un aficionado después de haber estado todo el partido provocando, insultado y amenazando, tal y como he observado en un vídeo muy detallado que he podido ver de los hechos; o como Francisco, directivo del club 26 de Febrero, con el que hablé ayer, que me terminó colgando el teléfono porque no le gustaba escuchar la realidad de las cosas, porque no dejé que me contara la milonga que va contando por ahí, básicamente porque yo estuve allí y vi que lo que él cuenta es sencillamente mentira; y porque no le permití que me insultara, como se ve que es patrón habitual de comportamiento en algunos representantes de ese club, como el propio Apoño o como él.
Yo no me voy a quedar de brazos cruzados; yo no voy a ser cómplice de quienes observan el juego de la ruleta rusa como si no fuera con ellos, de quienes permanecen impávidos mientras cada semana se corre el riesgo de que, en una de estas broncas, desgraciadamente habituales, puede escaparse un mal golpe que termine en tragedia; no voy a mirar para otro lado mientras hay familias que temen mandar a sus niños a jugar a determinados campos, porque allí corren peligro de ser agredidos.
Yo no voy a tenerle miedo ni a Apoño, ni al 26 de Febrero ni a ningún otro club que tolere, normalice y admita en sus filas a gente violenta, a gente capaz de golpear a otro ser humano. A ellos yo sí les voy a plantar cara. Porque el miedo es libre, pero también nos hace cómplices.
Ahora tan sólo quiero saber qué va a hacer la Federación para evitar este tipo de cosas. Y qué están dispuestos a hacer los clubes para no tolerar a quienes manchan y ponen en peligro a nuestro deporte.




