
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
https://youtu.be/H7N2ToORHnM
Bueno, y ahora, ¿por dónde empezamos?
Podemos empezar porque el Almería hizo ayer el ridículo, una vez más, en Reus. Porque lleva 3 puntos de los últimos 33 posibles fuera de casa, que ha vuelto a encadenar un cero de nueve en las tres últimas jornadas, que lleva quince días con el mercado abierto y no ha dicho esta boca es mía, que el presidente, no está el entrenador como si no estuviera, la dirección deportiva o lo que sea eso mejor que no estuviera y la dirección de organización ni es dirección ni es organización.
O podemos hablar del partido de ayer, en el que al Almería le pasó por encima un equipo recién subido de Segunda B, que apenas se ha reforzado, cuya estrella es un cedido del Zaragoza, que falló un penalti y varias ocasiones que podrían haber dejado el casillero del cuadro rojiblanco como la bandera del Japón, ante el que el Almería no tiró ni una vez a portería, en un partido en el que Soriano se dejó a Pozo en el banquillo una vez más, pero esta vez acompañado por Morcillo, al que sustituyó un Trujillo que volvió a hacer de las suyas, con la confianza ilimitada de su entrenador.
Pero quizás sea más oportuno hablar de que el Almería es un barco a la deriva, situado tercero por la cola, que no ha exhibido capacidad de reacción durante toda la temporada, con un entrenador novato que no da muestras de dominar en absoluto la situación pero del que el presidente habla maravillas a pesar de estar en puestos de Segunda B, en el que las decisiones no las entiende nadie ni nadie cree necesario explicarlas, en el que el presidente castiga a todo el que no alaba su infinita belleza y si infalible criterio, el técnico ha pasado de echar la culpa al empedrado y por supuesto a los medios críticos a exhibir un ánimo cadavérico cada vez que habla y en el que los únicos movimientos en cuanto a incorporaciones que se han producido este año son de familiares de Alfonso García para los despachos.
Con estos antecedentes, no es fácil acertar sobre quién tiene la mayor cuota de responsabilidad en la penosa situación por la que atraviesa un club que hace dos años estaba en Primera.
La afición estaba ayer entre indignada y desanimada, porque el mismo presidente que logró que Almería volviera a disfrutar de la Primera División, parece ahora empeñado en cargarse todos sus logros.
La cabezonada de apostar por un entrenador sin experiencia al que nada le está sonriendo no tiene explicación, como no la tienen la ausencia de reacción, la apatía con respecto al mercado de fichajes mientras siguen volando puntos que pueden ser definitivos en mayo y el ya mil veces alejamiento del tejido social, a la hora de dar ánimos o explicar el desastre generalizado.
Pero el entrenador tampoco puede irse de rositas. Soriano ya no es un jugador y debería haberlo entendido hace ya mucho tiempo. Para él era una gran oportunidad asumir uno de los escasísimos y demandadísmimos banquillos de la Liga de Fútbol Profesional. La soberbia con la que se ha conducido desde el minuto 1 podría pasársele por alto de no ser porque ha tenido al equipo en descenso durante la mayoría del tiempo. Su toma de decisiones errática, sus bandazos injustificados, su ausencia de una brújula táctica y de una capacidad de dirección del grupo, tanto dentro como fuera de los partidos, son motivos más que sobrados para que hubiera presentado su dimisión hace mucho tiempo.
Y de los jugadores y resto de estamentos del club, mejor hablaremos otro día. No se tomó Zamora en una hora.




