
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
Si hay una conclusión a la que el Almería me ha hecho llegar en estos cuatro primeros meses de la Liga, es que por mucho que lo parezca, semana tras semana, ni el equipo ni el club han tocado fondo aún.
Hace dos semanas, ante el Huesca, a la salida del encuentro, era complicado pensar que lo visto no suponía caer lo más bajo que se podía caer. Sin embargo, ayer, en Oviedo, el equipo volvió a moverse en un grado aún más inferior en el subsuelo del juego y del espíritu. Es cierto que tuvo un muy buen cuarto de hora inicial, pero con eso no comemos, con eso no vamos a ningún sitio. Los 75 minutos restantes fueron espectacularmente malos, sin oficio, sin profundidad, sin ideas, sin llegada, sin resolución, sin seguridad defensiva y, sobre todo, sin capacidad ni apariencia de ganas.
Al final del encuentro, lo dijimos en Marcador Almería: el Almería no podía aguantar a Carrillo ni un minuto más al frente del equipo, tanto por lo visto en el terreno de juego como por las declaraciones post-partido, en las que dijo que ningún equipo ha sido superior al suyo y que la plantilla no es la más idónea. Son palabras, obviamente, de un técnico que se siente destituido.
El Almería, por tanto, va a acometer el dudoso honor de poner al frente de su primer equipo al cuarto entrenador de la temporada. Y ya os digo yo que el presidente no va a salir diciendo que se equivocó cuando decidió firmar al técnico catalán, en aquel momento en el que dijo que habían tardado semanas porque no querían errar, porque se estaban asegurando que acertaban. Y después de eso, después de firmar a un técnico que jamás había trabajado en España como primer entrenador, que venía de la Liga Húngara y que ni en sueños hubiera podido imaginar la oportunidad de dirigir en Liga de Fútbol Profesional.
Pero el presidente de este club es así: es el que más sabe siempre, el que tiene la solución mágica, el golpe de efecto, el pase ideal que nadie más que él ve hacia la gloria. No es momento ahora de hablar de sus grandes gestiones, sus visiones de visionario, la retahíla de bluf con la que ha adornado sus años de gobierno en el Almería.
Al contrario, es momento de ver qué va a pasar aquí. Y lo que va a pasar, salvo mayúscula sorpresa, es que el presidente se perderá ahora unos días y luego volverá chistera en mano, dispuesto a sacar otro conejo que con el que intentarnos callar la boca unos meses más, mientras su club marcha a la deriva mientras él le presta un porcentaje residual de su tiempo a pesar de tratarse de una organización presidencialista, en la que todo pasa por sus manos, manos ocupadas en otros menesteres, que bloquean constantemente la entidad.
Pero no nos engañemos: el Almería no ha tocado fondo; el Almería aún puede seguir cayendo. Es más, lo va a seguir haciendo si no cambia de manera radical su forma de ser dirigido, si su presidente no utiliza esa vieja reliquia que tiene aparcada en lo más profundo de su trastero: la palabra autocrítica.




