
Noticias descatadas del Deporte Almeriense
BLOG, por Rafa Moreno.
Hoy voy a contar una historia, una historia de la vida real, una historia de las que te parte el alma, una historia de las que te para el corazón, una historia en la que hay un protagonista llamado Omar Pimentel, es una historia de futbol, pero de esas que nunca querríamos tener que contar, de esas que nunca querríamos que pasaran, de esas que no entendemos porque tienen que pasar y es porque estas historias no tienen nacionalidad ni color ni acento ni juramento.
La vida es un maravilloso regalo que nos conceden, algo que debemos disfrutar, la vida es un camino lleno algunas veces de rosas y algunas otras de espinas, pero la vida es eso, la vida es luz, la vida es amor, en sí, es el comienzo y el final de todo, la vida es aquella semilla que nos dan nuestros padres y que nosotros debemos de regar para entregar a nuestros hijos.
Nuestra historia se desarrolla en Sonsonate, ciudad Salvadoreña de aproximadamente 73.000 habitantes y donde juega el equipo de futbol de mismo nombre y que disputa sus partidos como local en el estadio Ana Mercedes Campos, el pasado 16 de Enero jugaban en su estadio un partido de copa al que asistieron familiares de Omar, que es el preparador físico de este equipo, desde Chalchuapa, ciudad situada a unas tres horas en coche.
Tras la disputa del partido, sus familiares, madre, esposa, hijo, cuñado y novia de esta, viajaron de vuelta a casa, llamando a Omar para indicarle que habían pinchado una rueda, tras varios kilómetros recorridos.
No se supo más de ellos, ni del vehículo, hasta el día siguiente, que apareció este a unos cinco kilómetros hacia una finca, el vehículo apareció con un disparo de bala en la llanta. Desde ese momento las fuerzas de seguridad comenzaron a trabajar para encontrar a la familia de Pimentel, sin fruto alguno, hasta que 21 días después, encontraron a los cinco enterrados bajo tierra dos metros y con signos de haber sido atacados con arma blanca, en múltiples ocasiones.
El hijo de Omar tenía solo 12 años, quien es quien tiene derecho a arrebatarlo, quien es quien decide nuestro fin, quien es quien nos aleja de los nuestros y los introduce en la profunda cueva del desasosiego la pena y la rabia del saber que ese otro ya nunca más estará.
Evidentemente estos actos suceden en un país donde, al parecer para algunos, la vida tiene menos valor que en otros sitios, esas cinco muertes no son más que un número que suma y sigue aumentando, y es que solo en el 2018 en El Salvador se registraron 3.340 homicidios, un país dominado por las bandas, llamadas maras, que campan a sus anchas y alimentados por la mayor de las miserias, quitan la vida como el que respira cada día, sin el más mínimo arrepentimiento, sin sufrimiento alguno, incluso orgullosos de ello y las autoridades están contentas porque el numero va en descenso.
Para Omar Pimentel ya nada será igual, y por supuesto el apoyo y cariño de los suyos no podrá más que aliviar el inmenso vacío y sufrimiento que en lo que queda de su vida sufrirá.
Uno no puede ni por un segundo imaginarse el inmenso dolor que ese hombre debe de tener en lo más profundo de su ser y desprendiéndose de él, por cada uno de sus poros, ahogándose muriendo en vida y desde aquí pienso que mi única ayuda puede ser la de dar a conocer este tipo de actos vandálicos que suceden en su país, para que pongan freno a esta situación y no existan más casos como el del “profesor” Pimentel, para que seamos conscientes de lo que pasa en un país donde lo que para nosotros más vale, no vale nada, donde cada día es una prueba superada donde sobrevivir supone un reto.





