
Noticias descatadas del Deporte Almeriense
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
https://www.facebook.com/radiomarcaalmeria/videos/228467891416127/
RADIOBLOG MINUTO 92, por Víctor J. Hernández Bru.
En general, no me gusta que se pite en los recintos deportivos. Ya sé que decir esto es un brindis al sol, porque eso ni va a cambiar, ni le parece mal a nadie ni es visto por casi nadie como lo veo yo, como una flagrante falta de respeto que a nadie se le ocurriría tener en cualquier otro ámbito de la vida.
Siempre he dicho que, en un recinto deportivo, los hay que son capaces de insultar, pitar o incluso agredir a un árbitro porque se haya equivocado en una decisión o a un jugador del rival porque haya estado más hábil que el de su equipo.
Sin embargo, aguantamos largas listas de espera en el médico, cobros de comisiones en los bancos o graves errores en los juzgados, sin que a nadie se le ocurre juntar los dedos índices de sus manos y ponerse a pitarle en la cara al médico, al contable o al juez.
Ya hemos dicho en múltiples ocasiones que esos recintos tienen una densidad poblacional intolerablemente alta de tipejos maleducados, agresivos, que normalmente no han ganado ni el sorteo de campo, pero que son capaces de tratar al prójimo como si fueran pentacampeones mundiales y los demás no tuvieran derecho a nada.
El domingo, un chavalín visitaba con su equipo el campo en el que ha crecido como futbolista. Con apenas 22 años, ha conseguido jugar en el equipo más laureado en la historia del balompié y para él, acudir con él a su estadio de toda la vida, jugar frente a su ex equipo y ante su afición de siempre suponía y supondrá siempre un momento muy especial.
Dani Ceballos le marcó al Betis el gol de la victoria del Real Madrid y, en ese momento de subidón, el chaval, con pinta y deje de humilde, dio una lección a todos los tarugos que llevaban insultándole y pitándole casi dos horas, pidiendo perdón por haber marcado un importantísimo tanto para él y por haber salvado a su equipo de una nueva debacle.
Terminado el partido, el joven sevillano, reclamado por la televisión con derechos para el habitual ‘flash interviu’, llegó a decir incluso que desgraciadamente había marcado el gol a su amigo Pau, pero que tenía mucha confianza y era su obligación marcarlo.
El domingo, Dani se fue a casa triste, tras haber sido maltratado por la afición a la que durante años sirvió haciendo lo que mejor sabe hacer: jugar al fútbol; mientras que los gañanes que le habían insultado y pitado se marcharon muy satisfechos por haber tenido la oportunidad de vomitar públicamente en el estadio al que acuden cada quince días.
Son las paradojas del fútbol; paradojas que no van a cambiar, lo sé; pero no me pidáis que me acostumbre a ellas.



