
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
El equipo de Soriano ha sumado 25 puntos, uno menos que jornadas lleva disputadas, lo cual quiere decir que no llega a sumar ni un punto de cada tres que disputa. Solo hay un equipo de la categoría que ha ganado menos partidos que los rojiblancos y somos el que más encuentros ha perdido, es decir, el colista en ese apartado.
Lo curioso es que si lo que contaran fueran los goles a favor, el Almería sería quinto por la cola, o sea, estaría salvado; y si la clasificación buena fuera la de menos goles encajados, los de Soriano estaría en mitad de la tabla, puesto que hay hasta diez conjuntos que han recibido más.
Por tanto, ¿qué es lo que le pasa al Almería? Es evidente que lo que le ocurre es que no sabe ganar, que pierde muchos partidos por la mínima y que, en las escasas ocasiones en las que gana, lo hace de manera holgada.
El caso es que al Almería le restan 16 partidos para alcanzar la salvación, lo cual es casi tanto decir que le restan ocho, los de casa, puesto que cuando juega fuera, quien más quien menos, todos imaginamos el resultado. No es capricho esto que digo: fuera de casa, el Almería, más que números, presenta ridículos, como tres empates, once derrotas y ninguna victoria, con cinco goles a favor y 21 en contra. Total, tres puntos de 42 posibles.
Los números, números son: no son más que el reflejo de lo que está pasando y, si no se hace nada, como es costumbre en el Almería este año, de lo que va a pasar.
Me dejó reflexionando hace un par de semanas la ‘Teoría del Burro’ que me relataron: me decía mi interlocutor que, si estás dentro de una habitación y por la puerta de la misma empiezas a ver pasar la cabeza del burro, no has de esperar a ver qué es lo que viene detrás de la cabeza, no le des vueltas. Lo que viene detrás es el cuerpo del burro.
La cabeza del Almería que lleva tiempo pasando por la puerta de la temporada es, como reflejan estos números, un descenso a Segunda B. La espera, paciente e impertérrita a ver qué es lo que viene detrás de la cabeza, tan sólo nos mostrará el cuerpo del descenso.
Alfonso García Gabarrón, que tiene pinta de ser un tipo inteligente, nos tiene a todos muy despistados con su comportamiento estático, congeleado y pasota, esperando con paciencia a que se consume el descenso sin mover ni un solo dedo para arreglar lo que es evidente que falla: el banquillo.
Sinceramente, por más que haya quien intente descalificar los hechos a base de suposiciones, yo no tengo absolutamente nada en contra de Soriano. Pero, por suerte o por desgracia, mi trabajo es contar lo que ocurre. Y lo que ocurre aquí es que Fernando Soriano está cosechando unos números terroríficos en su primera experiencia como entrenador.
Y como quiera que lo que está en juego es nada menos que la Liga de Fútbol Profesional, no se puede entender cómo un presidente puede fiar tan relevante tesoro a un entrenador inexperto que no sólo lleva 26 partidos sin cosechar resultados sino, lo más importante, ofrece una aplastante, una incuestionable imagen de no saber por dónde hay que meterle mano al asunto.
Sinceramente, Alfonso, no tengo, no tenemos ni idea de a qué diablos estás esperando. El tren pasa. Y el burro también.




