
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
La situación se hace en ocasiones tan evidente, que bien pareciera que, en lugar de un Alfonso García Gabarrón, pudiéramos estar hablando de dos, por la disparidad de comportamiento y la sublime contradicción con la que en ocasiones se conduce.
Ha pasado tan sólo una semana desde que el presidente les espetó a lo aficionados rojiblancos aquello tan comentado y cacareado de “que se queden en casa o se hagan del Madrid o el Barça, si van a ir al campo a pitar”.
Una semana, vamos, unos siete días, es lo que ha tardado Alfonso en cruzarse de acera, cambiarse la chaqueta, pasar de la noche al día. El sábado, tras el partido, habló para su propia emisora de radio y allí lanzó un mensaje a la afición: que esté con el equipo sin condiciones el próximo sábado.
Ignoro si Alfonso pensará que ambos mensajes son compatibles. Quizás opine que si se cumple la segunda de las peticiones, no haga falta de echar mano de la primera, es decir, que si la gente está a tope con el equipo, será innecesario que nadie se haga ni del Madrid ni del Barcelona.
El caso es que mientras García Gabarrón está en esas disquisiciones, en esas luchas inestinas en su propio meditar, el que lo tiene muy claro es Soriano. Éste no falla, no duda, no vacila: será entrenador del Almería hasta que lo echen. Poco le importa la ensalada de datos que le ofrecimos ayer en este mismo espacio, que le ofrece la realidad liguera desde hace tiempo. Para nada tiene encuenta la posición de colista, la trayectoria vergonzante de su equipo durante todo el campeonato, la imagen de la nada elevada a la máxima potencia, la ausencia de un criterio, de un patrón, de un estilo futbolístico o de lo que sea.
Para Soriano, lo importante es el cargo y el sábado volvió a gritarlo para quien lo quiera escuchar: no conozco otra fórmula que seguir trabajando. En eso último es en lo único que no estoy de acuerdo. Soriano ya sabe, a estas alturas, que la única fórmula para que el Almería tenga una mínima posibilidad de salvarse será que él coja su mochila y se vaya… o se quede, pero en otro puesto que no sea el de entrenador, para el que se ha demostrado absolutamente incapaz hasta el momento.
Soriano sabe que está conduciendo al Almería a Segunda División B y, al mismo tiempo, está dilapidando el gran prestigio que alcanzó como entranador, así como el cariño de buena parte de la afición que otrora le ensalzaron su entrega, su calidad y su amor por los colores rojiblancos y hoy lo desprecian por un apego al cargo que ni merece ni le va a conducir a ningún sitio.
Es la dualidad del Almería: un club con un presidente sin pudor para pasar de la crítica a la petición de ayuda a la afición y con un entrenador que sabe que estará agarrado al cargo hasta que, quizás, lamentablemente, sea demasiado tarde.




