El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
Es evidente que el fútbol vive, desde hace ya bastante tiempo, una burbuja de ésas que, cuando estallan, se llevan por delante a todo hijo de vecino.
No es nada nuevo. Hace algunos años esta burbuja afectaba sobre todo al fútbol de las categorías de retaguardia, las Segundas, Terceras y compañía. Siempre recordaré la impresión que causaba dar un paseo por los aparcamientos donde dejaban sus vehículos los jugadores del Almería o el Poli Ejido, hace diez años. Cualquiera con dos dedos de frente sabía perfectamente que un club de Segunda, entonces, no generaba ingresos para mantener aquello.
La burbuja no paraba ahí: en Segunda B se pagaban sueldos de ministro, en Tercera División se cobraba para vivir del fútbol en incluso en categorías por debajo de ésta se establecían sueldos, digamos, apañados.
Aquello explotó, dejando a muchos clubes en la ruina y a otros directamente en el limbo. Era evidente que todas aquellas entidades deportivas no eran capaces de generar recursos económicos para sostener todo aquello. Sus sostenes económicos procedían del despilfarro por parte de ayuntamientos y otras instituciones y de patrocinios privados conseguidos a base de compromisos y, en otras ocasiones, métodos menos lícitos, que con la crisis saltaron en mil pedazos.
Quiero pensar que el fútbol modesto, controlado por el Estado y otros mecanismos, está más o menos ordenado ahora en ese sentido, aunque me sigue pareciendo que va por encima de sus posibilidades.
Sin embargo, creo que ahora el problema está en el profesional, en el de máximo nivel. Cierto es que existen unos derechos televisivos que ahora mismo están sosteniendo el mercado; derechos televisivos de los que dudo mucho que sean suficientes para la vorágine económica en la que se ha metido el balompié, no ya patrio, sino mundial.
Lo que el PSG parece dispuesto a pagar por Neymar no es mucho más incomprensible que lo que el Barça hará con ese mismo dinero, lo que el Madrid pretende dar por Mbapé o lo que se han pagado en traspasos sonados como los de Ronaldo, Neymar, Bale, Ibrahimovic y compañía.
No pierdo la idea de que todo eso es un castillo de naipes, un monumental rascacielos sostenido sobre las frugales patas de un canario, un transatlántico empujado por tras sardinas y un boquerón. Algo así como cuando Florentino justificó el pastizal empleado en traer a Beckham con la venta de camisetas.
Por eso cuando escucho que Las Palmas pide un millón y medio por el traspaso de Alfredo Ortuño, un jugador que ha cumplido su segunda campaña en Segunda División y del que tan sólo tiene el 50% de sus derechos deportivos, termino de convencerme… de que se nos ha ido a todos la pinza.


