
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
Hay palabras, hay frases, que te marcan, que te acompañan y que hacen que durante mucho tiempo te preguntes por qué demonios no hiciste eso que de pequeños llamábamos ‘darse un punto en la boca’. Esta semana, en sala de prensa, preguntado por la situación del equipo, respondía que de verdad no estamos tan mal.
Ser entrenador, de Champions, de Segunda y de cualquier otra categoría. Pero a veces, los entrenadores, que sin duda son los que mejor conocen siempre la situación de sus plantillas y lo que pasa en el interior, caen en el pecado que a veces nos es consustancial también a los periodistas y a los políticos: creer que todos los demás son tontos.
No me cabe la menor duda de que Sergi, el pasado viernes, cuando dijo aquello de no estamos tan mal, al más puro estilo Laporta, sabía muy bien que sí, que estamos mal, que algo pasa en el equipo, en un equipo que ha demostrado sobradamente que sabe jugar al fútbol, con media hora espectacular en la primera jornada, pero que de repente parece como si a todos los futbolistas se les hubiera olvidado jugar a fútbol.
No diré que sé qué es lo que le pasa Almería, principalmente porque ello sería mentir. Pero sí puedo adelantar una cosa: desde chico, siempre he escuchado que la humildad es una receta que suele servir para abrir cualquier puerta. No digo que sea fácil ser humilde, sencillo, cercano, pero a veces nos cuesta mucho trabajo aprender de nuestros errores.
Durante el verano, dijimos mil y una veces que el Almería ha pecado siempre de ser demasiado distante, como si todo lo que rodease al club fuera una elite de inalcanzables ministros. Y eso se nota. Lo notamos los medios de comunicación, lo nota el aficionado y lo nota todo el mundo.
El Almería está este año en Segunda División y, corríjanme el resto de medios, sus jugadores, su cuerpo técnico y todos sus representantes, son más inaccesibles que el año pasado en Primera. Insisto, no diré que esto que comento tenga una relación causa-efecto con la situación actual, pero sí tengo muy claro que cuando las personas, también las del fútbol, se creen por encima del bien y del mal, y quienes están alrededor refuerzan esa idea, obtener resultados siempre es, sencillamente, un poco más difícil.



