Noticias descatadas del Deporte Almeriense
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
VÍDEO BLOG #Minuto92: Las historias de Rubi para no dormir, sus visiones paralelas, sus milongas sobre el club y el consuelo de los nueve millones, por Víctor J. Hernández Bru.
No me gusta autodefinirme como ‘viejo periodista’, pero son ya 50 tacos en el lomo, esta semana dolorido por una lumbalgia de viejo, y son ya 27 años empuñando la pluma, golpeando el teclado, escupiendo verdades al micro, lo cual indica que no está mal tirado el calificativo.
Los años no te hacen infalible, como el hábito no hace al monje, pero en ambos casos, ayudar, en algo ayudan. El caso es que, con muchos fallos, porque el que mucho dispara, mucho yerra, últimamente me equivoco muy poco con esta UD Almería y en esto creo que tampoco lo voy a hacer.
El caso es que, desde su primera rueda de prensa, he detectado que algo pasa con Rubi, desde que aterrizó de vuelta este verano. Rubi siempre me ha parecido, como la mayoría de los entrenadores, mejor en el banquillo que en la sala de prensa, pero en esta segunda etapa lo he visto, desde el inicio, mucho más a la defensiva.
Seguramente la dificultad de explicar por qué se marchó teniendo puesto asegurado en el banquillo para Primera tras el doble éxito del ascenso y de la permanencia, y volvió para entrenar en Segunda, tenga mucho que ver con esa actitud tan diferente a la del Rubi que vimos en su primer momento aquí.
Quizás, reconocer a las claras que en el cambio de opinión han tenido bastante que ver los nueve kilos de billetes que le ha firmado la directiva Egipto-saudí no sea algo que genere una situación muy cómoda y es mucho más agradable decir que se siente muy querido aquí y que en el club han cambiado muchas cosas, a pesar de que uno sabe ni ha cambiado nada ni es posible que ello ocurra.
Pero pasado ese incómodo momento inicial, las milongas y trolas de Rubi no sólo han decrecido sino que se han incrementado de manera dramática, hasta el punto de que, este domingo, tras sumar el sexto punto de los 18 que se llevan disputados, tras empatar en casa ante el Éibar, tras ir perdiendo 0-2 y estar 1-2 abajo en el minuto 11 de la segunda mitad, el técnico se fue a la sala de prensa para hablar de un rival al que habían metido en su área, de profusión de ocasiones de gol, de gran reacción y de unos brotes verdes que, sinceramente, son aún francamente microscópicos.
El discurso de Rubi es un discurso que un ‘viejo periodista’, y aquí retomo lo del inicio, percibe sin género de dudas como el de un técnico que se sabe con el acero de la guillotina acariciándole peligrosamente el pescuezo y que intenta, a la desesperada, pintar una realidad que permita seguir manteniendo la confianza en él.
Son ya muchos años y muchos entrenadores, en diferentes modalidades y en distintas posiciones, desde los asientos destinados a los periodistas que preguntan en la sala de prensa, pero también en el del conductor de las comparecencias, observando a los más variados entrenadores tratar de convencer al respetable de que la realidad es justo la opuesta a la que sus ojos les ha relatado previamente.
Rubi se sabe muerto, deportivamente, claro; se sabe descabalgado por un proyecto que era lo que parecía, ya sabéis, la cabeza del burro y el cuerpo del burro, que no engañaba, aunque los nueve kilos hubieran disfrazado al sapo de príncipe azul, como un número suficiente de combinados convierten en Claudia Schieffer a la Ramona Pechugona y en Brad Pitt al Peíto a determinadas horas de la noche.
Rubi ha despertado de la anestesia millonaria y ha comprobado que lo que el año pasado fue, durante muchas jornadas, el peor equipo de la historia en Primera, sigue siendo un plantel muy deficiente en Segunda. Seguramente, al menos así lo haría yo si fuera él, encuentre consuelo en echar un vistazo a su contrato, cada vez que sienta la tentación de recuperar la dignidad y cantar a los cuatro vientos que este club es el ‘cacharro ése de La Bernarda’.




