
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
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FOTO JUAN SÁNCHEZ.
Como si fuera la salida de un rebosante pantano tras abrir las compuertas, ayer el teléfono de algunos echaba fuego. Se había abierto la veda: decenas de amigos tenían ayer algo que contarnos; algo sobre el Almería, sobre alguno de sus jugadores, sobre el presidente, sobre los consejeros, sobre la familia del presidente, sus hermanas, sus negocios, incluso sobre su vida privada.
Sinceramente os lo digo: no me interesa; ni es lo que nos ocupa, ni es el momento.
Aquí, en Radio Marca Almería, en el Radioblog Minuto 92, llevamos años diciendo que el Almería está sembrando el desastre, está haciendo todo lo que está en su mano para acabar despeñado al fondo del precipicio.
Las casualidades, mi querido presidente, no existen. Y un equipo que acude al último partido de Liga sin haber logrado aún la salvado, es carne de refrán, carne de ‘a la tercera va la vencida’.
El Almería, como refleja la fotografía que ilustra este radioblog en la web de Radio Marca, se reduce hoy a un padre, un par de hijos y un contable, un experto en números. No hay mucho más; lo demás es un coro de sobadores de lomo profesionales, de aduladores de las desgracias y las deposiciones de un presidente enclaustrado en lo más alto de su torre de cristal, que han ido viendo cómo se iba hundiendo el edificio sin haber aportado absolutamente nada.
Hay honrosas excepciones, como Manolo García, que se ha dejado media vida en este proyecto a pesar de los continuos desprecios de su mandamás; o como Onofre Díaz, que el domingo fue el único que tuvo la vergüenza de bajar a acompañar a Fran en la debacle.
Lo demás es un erial (no se me ofenda Zaplana), un grupo de directivos que han permanecido años en un club sabedores de que no contaban en absoluto, un conjunto de profesionales (unos más que otros) que no han podido aportar absolutamente nada a la entidad, sobre todo porque el presidente se ha hartado de trasladarles el mensaje de que su aportación valía tanto como el conocimiento futbolístico del propio García Gabarrón, como se ha hartado de despreciar a la afición con frases célebres como la de “al que no le guste, que se haga del Madrid o del Barça” o “salvarse en la última jornada sería un éxito para el Almería”.
El Almería lleva años, como repite siempre Manolo Soler, siendo un club profesional con una estructura amateur, una entidad sin ambición y sin profesionales experimentados y con capacidad de torcer el nefasto rumbo marcado por su capitán, una nave a la deriva en la que el único objeto era llenar de dinero los bolsillos de un presidente que vino a Almería para construir y que, al ver imposibles sus objetivos, perdió la ilusión que, por cierto, era morado y tenía varios ceros en la esquina.
El Almería está ahora en la lona, moribundo, con el protector bucal fuera de sitio y braceando para agarrar un poco de oxígeno que le permita albergar la esperanza de levantarse. Y en esa situación, su capitán, su timonel, su presidente, vio el domingo cómo el equipo recibía su último golpe y, antes de que su púgil acabara en el suelo del ring, él ya había agarrado el volante de su deportivo, camino de Águilas.
Querido Alfonso, las casualidades no existen.




