Noticias descatadas del Deporte Almeriense
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
VÍDEO BLOG #Minuto92: Sadiq, Darwin, el placer por mentir y los engaños de quien se deja engañar, por Víctor J. Hernández Bru.
Hace mucho tiempo que manejo y repito la frase “en el momento de la historia de la humanidad en que los ciudadanos tenemos más acceso a la información, estamos peor informados que nunca”. Lo repito porque lo creo firmemente. Nunca antes, la ciudadanía de a pie ha estado tan mal informada, gracias a dos factores fundamentalmente: por un lado, el poco rigor que se ha apoderado definitivamente de los medios de comunicación y, por otro, la acción de quienes utilizan canales como las redes sociales para desinformar, sea por propio interés o simplemente por joder.
En plena psicosis por la DANA de Valencia, el pasado lunes, cuando cayó la tromba sobre el Poniente, algunos hijos de mala madre se entretuvieron en compartir en redes vídeos de otros ríos que no eran del Poniente almeriense y que no eran de ese día, como si lo fueran. No lo entenderé nunca. No puedo comprender el placer que sienten algunos en la mentira.
Pero si eso es para mí incomprensible, el que los medios de comunicación se diviertan engañando es algo aún más insondable para mí. Cierto es que ahora funciona bastante eso del coste por clic, es decir, que si tú cuentas mañana que un platillo volante ha aterrizado junto al Kiosko Lengüetas y la gente se interesa por la noticia, al final el medio se verá recompensado, a pesar de haber contado una mentira como la Catedral de Burgos.
Esta semana, en otro orden de cosas, me he quedado tieso con el comentario que hacía mi compañero Chuhi Pérez en La Tribu de Bru, a propósito de que había algún medio, creo que no dijo cuál, que especulaba con que, si se marcha Luis Suárez en el mercado de invierno pudiera venir a sustituirle Umar Sadiq o incluso Darwin Núñez.
Vamos a ver: si el periodista que ha publicado eso, cree que hay alguna mínima posibilidad de que eso ocurra, entonces hay que retirarlo inmediatamente no sólo del periodismo, sino también de la calle y conducirlo inmediatamente a algún centro especializado, porque el mínimo manejo de tal posibilidad denota una simpleza intelectual mucho más que galopante.
Pero si ese periodista que ha publicado el asunto, que insisto, no sé quién es porque creo que Chuchi no lo mencionó, sabe como yo que no hay ninguna posibilidad de que esto suceda y aún así lo ha publicado, entonces también hay que retirarlo de la circulación periodística y, en este caso, encerrarlo entre tres paredes de ladrillo y una de rejas, porque lo que está haciendo es terrorismo informativo y engañando deliberadamente a la audiencia.
Ignoro si el motivo de haber publicado tal barbaridad, tal chorrada cósmica, es la persecución de los antes mencionados clics o responde simplemente a ese pérfido placer por la mentira que parece haberse apoderado de nuestra sociedad. En realidad, no sé cuál de las dos posibilidades me parece más repugnante.



