
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
Se enfadó ayer, una vez más, Alfonso García, porque mi compañero César Vargas le preguntó ayer, en la presentación de Gorosito, por las palabras en las que éste reconocía que ya hace años estuvieron cenando juntos para cerrar su contratación, si el técnico que entonces tenía contrato con el Almería perdía el siguiente partido.
Unas declaraciones que dejan en evidencia aquella machada de García, cuando dijo que él no habla con entrenadores mientras tiene a uno en el cargo. Entonces lo dijo para justificar la injustificable tardanza en la contratación de Joan Carrillo, que se traducía en la prolongada interinidad de Miguel Rivera en el banquillo del primer equipo.
De todo esto ha quedado absolutamente patente que Alfonso García hace lo mismo que todos los presidentes, es decir, que habla constantemente con entrenadores y negocia con ellos cuando va perdiendo la confianza en el que tiene en activo.
Debe tener paciencia Alfonso, porque si se va a enfadar cada vez que le pregunten algo incómodo, no va a ganar para disgustos con nosotros. Y no porque tengamos esa vocación de tocar las narices, sino porque nuestra obligación con vosotros, los oyentes, es contar lo que está pasando o, como poco, lo que creemos que está pasando.
Decir que un presidente de club profesional no negocia con entrenadores mientras tiene a uno contratado es no contar la verdad, por no decirlo de otra forma más ofensiva; una falta a la verdad, además, con las patas especialmente cortas, puesto que en cualquier momento, como ha ocurrido ahora, puede quedar en unos incómodos paños menores.
“A ver si no voy a poder hablar con quien quiera”, le respondió ayer Alfonso a César Vargas, en una nueva salida de pata de banco, puesto que es evidente que está en todo su derecho y, es más, en mi opinión es su obligación, como quedó demostrado cuando no lo hizo, es decir, cuando tardó más de dos semanas en buscar recambio para Sergi, con las negativas consecuencias que ello tuvo.
Pero lo que se sustanciaba en la pregunta de ayer no era si el presidente tiene o no derecho a negociar con quién le venga en gana; el fondo de la pregunta, y estoy seguro de que así lo percibió Alfonso, era si estaba dispuesto a reconocer que aquel día nos vaciló un poco y que, efectivamente, el negociar sustitutos de entrenadores con cargo es un deporte que practica nuestro presidente tanto como cualquier otro.
Seguramente, aunque no lo reconozca, de todo esto habrá aprendido Alfonso, que es tipo listo, aquello que nos decían las abuelas: que las ‘faltas a la verdad’ tienen las patas muy cortas, dicho de la forma más amable que se me ocurre.




O que se pilla antes a un mentiroso que a un cojo 🙂