RadioBlog: Minuto 92

1.000 Manolos Garcías

El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru

A veces a uno le da por soñar y ayer, mientras hacíamos la Tertulia del Minuto 92 desde Lamarca Gregorio Marañón, soñé que en Almería, en lugar de haber un Manolo García al que apenas dan bola, había 1.000 de ellos.

Escuchando al veterano Manolo, imaginaba un club abierto, sincero, directo, con gente del fútbol y para el fútbol, capaces de reconocer sus limitaciones, anteponer a todo sus pasiones y mirar por encima de todo por el club y por la afición.

Embelesado escuchaba a mi viejo amigo hablar de fútbol con pasión y sinceridad, sin demagogias, sin papeles ni interpretaciones, sin miedo al qué dirán, reconociendo en lo que el club se ha equivocado y defendiendo las dificultades que en ocasiones son imposibles de percibir desde fuera.

Si hay un pecado que está cometiendo este Almería, de entre muchos, muchísimos, seguramente que el más grave, el más imperdonable es no dar a Manolo García el protagonismo no ya que él merece, sino que al club le vendría de perlas para mejorar y crecer.

No es fácil encontrar sabios en la vida y mucho menos en el fútbol profesional. Y Manolo lo es.  Manolo es una persona a la que la vida ha enseñado mucho, pero que no ha tenido tiempo de aprender el egoísmo que nos lleva a utilizar los conocimientos en propio beneficio.

Manolo lo da todo sin rendir cuentas. Ha vivido en esto del fútbol todas las batallas posibles y las tiene apuntadas en el cuaderno de su excepcional memoria. No da lecciones, si acaso algún consejo a amigos escogidos. Y sobre todo cumple a rajatabla la norma de valer más por lo que calla que por lo que habla, tal como recordó ayer mismo en esta misma sintonía.

Manolo es un lujo para el fútbol y un desperdicio para el Almería. Que este club, huérfano de criterio, de implantación y de habilidades sociales y deportivas no utilice a Manolo García hasta sacarle el ‘jámago’ es un imperdonable pecado que pagará caro más temprano que tarde.

Mientras tanto, siempre que puedo, me pongo el traje del máximo egoísmo y trato de pegarme a mi amigo Manolo para aprender algo de fútbol, algo de humanidad y algo de la vida. Ayer, en apenas una hora, nos dio un máster.

Gracias, amigo.

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