Alejandro Asensio

Fútbol en segundo plano

Lo siento, me dejo llevar por la efervescencia del momento. Pero es que no puedo escribir otra cosa. Uno estas letras un lunes para que vean la luz el miércoles, cuando es posible que los focos ya ni miren -o lo hagan de reojo- la actualidad trágica que ha sembrado de lágrimas a la provincia de Almería. Porque no nos vamos a olvidar, ni hoy ni nunca. Un ser, sin humanidad ni cerebro, ha arrebatado de nuestras calles a un niño con los ojos llenos de colores que soñaba, como todos sus semejantes, con ser algo en la vida.

No me importa el fútbol en estos casos. Me da igual que el Almería se dejase los puntos aun siendo superior al Rayo. Lo que me importa es esa cara que inundó el estadio con una sonrisa que yacía apagada en un pozo de Rodalquilar desde el día 27 de febrero. Funesto febrero. Por ello, no puedo escribir sobre deporte cuando mi cabeza se ancla en lo que ya forma parte de la historia más negra de nuestra provincia. Pedir un parque, una calle, un paseo marítimo parece irrisorio para paliar este dolor, pero es algo que nunca, nunca, debe borrarse de nuestra retina. Que Gabriel esté presente y se recuerde lo que el ser humano, sin humanidad, es capaz de hacer en sus desequilibrios para que no se vuelva a repetir.

Hoy hay un almeriense menos. Un niño que iluminaba con sus voces los pasillos de un colegio. Una criatura que recorría con alegres trotes un carril de Las Hortichuelas para, en compañía de otros seres inocentes, seguir armonizando estancias. Sin ellos, se acaba todo. Por ello, mi Jugada de Pizarra de esta semana, va para Gabriel, a quien he visto reflejado en las miradas de mis alumnos en cada uno de los días que el pobre ha estado encerrado, inerte, en un pozo.

A todos los que sostenían el pescaíto. A los que lloraron en la Puerta Purchena. A los que aplaudieron en el minuto 27 del Almería-Rayo. A los que adornaron su brazalete con un pez. A los que sufren, como toda una provincia, lo que alguien sin escrúpulos, sentido común ni derecho a pisar el suelo que pisamos los demás ha hecho. Por eso, no me importa el fútbol. El deporte sirve para satisfacer las ansias de lucha de personas y pueblos, pero, jamás olvidemos, que el fin único del mismo; y hablo como profesional de la docencia de la actividad física, es estrechar lazos entre iguales. Es dar claves para canalizar sentimientos, aprender a vivir en sociedad y a trabajar en equipo; en este sentido, el partido de la UDA sirvió para lo que se esperaba de él.

A mí, con la marcha de Gabriel, se me partió el alma. Pero ha sido él, y sin pretenderlo, quien nos ha dado una lección. Su madre, Patricia, con esa entereza y eso forma de solicitar mesura a la sociedad, la que ha demostrado que el odio ha de tener los brazos muy cortos. Educar en bondad, hacer buenas personas, con entereza y pundonor, nos va a aportar más que el rencor.

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