
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
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La verdad es que cada día me gusta menos el papelón que la UDA le está obligando a jugar a Corona; y del mismo modo, cada día que pasa entiendo menos por qué un tipo como Miguel Ángel se somete a la humillación de decir cosas que no cree, comportarse como no es y trasladar ideas que no siente.
Hablemos claro: a Corona no le puede hacer ni puñetera gracia que el club le quiera rebajar la ficha en 1.000 euros a un jugador prometedor de la cantera que tiene pinta de poder dar el salto al primer equipo; no le puede entusiasmar de ninguna de las maneras que al futbolista se lo termine llevando nada menos que el Atlético de Madrid mientras la UDA se queda con un palmo de narices; y no es posible que esté de acuerdo, en absoluto, con que, por haberse negado a aceptar la ridícula y paupérrima oferta, el club decida dejarlo sin jugar durante tres meses.
No al menos al Corona que yo conozco: un tipo listo, currante, fiel, culto y buen conocedor del circo éste del futbol, a veces tan ingrato como mezquino, siempre tan apasionante como descarnado.
Corona se ha pateado los campos desde que era un niño, ha firmado contratos de poca monta y también otros mucho más sustanciosos, ha sido canterano y no precisamente de cualquier club, ha conocido la ilusión del niño que quiere triunfar en el fútbol, ha experimentado las noches sin dormir pensando en el gran día del partido y la satisfacción de verse futbolista delante de su familia.
Ahora, el club cuya dirección deportiva él encabeza ha dejado sin jugar tres meses a un chico de 19 años simplemente porque ha preferido no renovar el contrato que finalizaba el 30 de junio, alejándolo de su familia e intentando hundirlo en la desazón.
Yo me niego a creer que Corona apruebe ese comportamiento. Un director deportivo debe ser duro y frío, pero no con chavalitos de la cantera sino con los resabiados representantes que vienen dispuestos a ponértelo como la bandera del Japón. Con ésos es con los que hay que afilar los cuchillos, mostrar los dientes y poner pecho palomo.
Con los niños de la cantera, el director deportivo debe ser un segundo padre, currándose el cariño del futbolista a la vez que el interés del club.
Estoy convencido de que Corona sabe todo eso y que él no es el responsable de la vergüenza en el comportamiento rojiblanco con Segura. Pero si se pone delante de los medios a justificar el dislate con aquello de “no se puso de acuerdo con nosotros para tener un proyecto común”, Miguel Ángel se está convirtiendo en cómplice de la tropelía, del abuso, de la vergüenza.




