
El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru
Es realmente incómodo tener que tratar aquí un tema del que una voz autorizada en el club, como Gorosito, ha dicho ya que simplemente no hay tema.
Pero incómodo es, también, escuchar día tras día a César Vargas regresar del entrenamiento del Almería contando que tres de los cuatro jugadores africanos del Almería, Fatau, Jonathan y Uche, no entrenan por unas molestias cuyo origen y concreción tampoco conocemos demasiado.
Es evidente que, pase lo que pase, lo prudente es que se hable poco ahora mismo sobre el tema, pero también es obvio que hay tantas posibilidades de que los tres tengan ‘molestias’ al mismo tiempo y durante tanto tiempo como que le toque la Lotería española a un chino residente en Sri Lanka.
Lo de Fatau ya lo hemos preguntado y nos han dicho que está todo estupendo, que se cuenta con él una barbaridad, que el futbolista está encantado de la vida y que seguramente al final de todo él y Gorosito se van a pegar una ‘pechá’ de perdices con miel y limón. Eso sí, si tuviera que apostar, que no me gusta, me lo jugaría todo a que no va a tocar pelo en lo que resta de temporada.
Lo de Uche está todavía si cabe más claro. El futbolista no ha llegado en condiciones, tampoco se le ha visto matarse por conseguir la forma, como sí lo ha hecho otro que tampoco aterrizó fino, como Juan Ramírez; y no parece que esta tesitura haya generado demasiado buen rollo entre él y el técnico. Otro con el que, si me apuráis, hago apuesta de que se va a ir con lo que tiene ahora mismo, ni un minuto más, ni uno menos.
Y luego está Jonathan Zongo, que entre viajes a su país, problemas con los vuelos, lesiones no demasiado explicadas y alguna oportunidad tampoco muy bien aprovechada, se ha convertido en otro futbolista del que Gorosito sólo se acuerda en sus oraciones.
El que sí entrena, eso sí, es el cuarto africano de la plantilla: Ramón Azeez. Oyes, qué quieres que te diga: cada vez que pronuncio su nombre me acuerdo de una respuesta obtenida este verano: “No hay caso Ramón Azeez”. Era evidente. Como tampoco hay caso Fatau.




