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#RadioblogMinuto92: Las erróneas formas de Messi, su deslealtad al club y el cáncer de los representantes

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El Radio Blog, por Victor J. Hernandez Bru

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#RadioblogMinuto92: Las erróneas formas de Messi, su deslealtad al club y el cáncer de los representantes. 

Lo primero que dije sobre el ‘caso Le Messi’, la semana pasada en este mismo espacio, fue “Gracias, Leo… por ahora”. Lo dije porque creo que en esta vida hay que ser justos y porque creo que cualquier amante del fútbol y del deporte debe estar agradecido a este señor por todo lo que nos ha regalado durante todos estos años.

Eso sí, añadía el “por ahora” porque ya empezaba a parecerme que el señor Messi había empezado a hacer las cosas bastante mal. Mi esperanza estaba depositada en que todo eso fuera un erróneo modo de percibirlo por mi parte, pero desgraciadamente, no ha hecho falta que pase mucho tiempo para que quede claro que no era así.

Sigo pensando que Leo ha tenido que aguantar carros y carretas de una directiva y de un presidente no sólo incapaces e ineficaces, sino que han demostrado a cada paso estar ahí en beneficio propio y de su ego en vez de para trabajar para un club y para el deporte.

Sin embargo, me da la impresión de que Messi ha incurrido en el peor de los pecados: en el de creerse inmortal, infalible, intocable, incuestionable, yo diría que por encima de la ley. Mucho se ha escrito sobre atisbos de esa personalidad en el argentino: que si mandaba en los entrenadores, que si mandaba en el club, que si lo quería todo a su medida… Personalmente, ni nunca creí nada de ello ni me lo creo ahora. Uno lleva ya algunos agujeros en los calcetines desde que empezó en esto y he vivido miles de situaciones en las que lo que pasa dentro es una cosa y lo que cuentan quienes lo ven por un agujerito hecho en la pared del vestuario es otra. Por no mencionar la información interesada sobre el particular, emanada básicamente de la capital del Reino.

Pero insisto: ahora sí podemos hablar de algo tangible, de hechos. Y los hechos dictaminan que este señor actúa absolutamente convencido de que sus goles, sus pases, sus regates, sus títulos y los que le ha dado a su club y las tardes y noches de magia y gloria entregadas a la afición le han convertido en un ser por encima de la ley, que no tiene que obedecer a un contrato que él mismo ha firmado y del que ahora, como todos, está obligado a responder. Y por cierto, su comportamiento, lejos de ser una bofetada a Bartomeu y su junta, que han demostrado ya sobradamente les importa un pepino todo esto, es un desprecio a la afición y al club que lo han convertido en el mejor jugador de la historia; en su caso, haciendo por él cosas que van mucho más allá del deporte.

Ni tengo por qué ni quiero aportar nada en su descargo, pero no me resisto a decir que en ese mundo del fútbol, más de la mitad de las cagadas de los protagonistas están firmadas y selladas en el despacho de sus representantes, muchos de ellos auténticas sanguijuelas, capaces de los comportamientos más deshonrosos, incluyendo el de estar todo el puñetero día tratando de engañarnos a los periodistas con rumores infundados y encaminados a encarecer el precio de su producto.

Por ligar todo esto a nuestra actualidad provincial, me encantaría ser capaz, ahora mismo, de afirmar con rotundidad que esto no va a ocurrir con ningún futbolista de la UDA y en concreto en Darwin, pero creo que a estas alturas de la película ya ha quedado claro que me fío poco del ese tipo que va por el mundo como si fuera alguien y que representa al uruguayo. Que venga aquí a decir en la prensa que le parece bien la oferta del Benfica, cuando ésta no llega a la mitad de la cláusula de su representado me parece una desvergüenza equiparable a que Messi diga que no ha de abonar su cláusula.

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